Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Nuestros ciclistas, tenistas, baristas, juristas, motociclistas y artistas definitivamente no están de acuerdo con los ciclistos, tenistos, baristos,  juristos, motociclistos y artistos; de otro lado los abogados, arquitectos, médicos, toreros, buhoneros, porteros, y ornitólogos si tienen su pareja femenina, así parece correcto hablar de arquitectas, abogadas, toreras, buhoneros, ornitólogas.

Las profesiones no tienen sexo, lo tienen los políticos quienes en un afán por parecer correctos ideológicamente cambian lo que no tiene cambio, y entonces las profesiones cuyo nombre termina en o mutan en a mientras que aquellas con terminación en a permanecen inmaculadas, este ataque aleve al idioma, en aras de la nova izquierda, es la misma que confunde la terminación ente, a la cual se le coloca sexo de igual manera que lo hacen con las profesiones que acabamos de mencionar; así las cosas las presidentas de las cortes muy orondas u orondos según quien hable se mezclan con las estudiantas, dependientos, comerciantos y comerciantas en esa galimatías en la que nos han metido los políticos y sus secuaces; señores periodistos por favor dejen de hacerle la corte a quien no lo necesita, todos los seres humanos tenemos los mismos derechos, somos iguales ante la ley y deberíamos tener las mismas oportunidades, aunque por supuesto respetando las diferencias de género, los unos y las otras tenemos cosas que nos distinguen, algunas las hacen mejor o únicamente ellas y otras las hacen mejor o solamente ellos, que la política, que ya invadió lo que no debería, como por ejemplo la justicia, que en nuestro país ya tiene bandera, credo y víctimas según el color de sus ideas, les pedimos entonces que deje en paz al idioma porque, aunque así lo reitere la Academia de la Lengua, el mal uso cunde como verdolaga en playa y esto va para todos y todas.

Circula en las redes una información sobre la manera como Singapur logró doblegar la corrupción, se hace énfasis en el endurecimiento de las penas y se deja como un simple corolario el otro componente, a nuestro juicio el más importante, aquel por medio del cual se logra espantar a los delincuentes de cuello blanco, es la trasparencia en el manejo de los recursos del estado y la facultad expresa que tiene el mismo estado de inspeccionar y verificar  las cuentas de los servidores públicos el arma más poderosa ya que es el disfrute de lo mal habido lo que genera el mal ejemplo y estimula a que muchos más se sumen a la fiesta y el jolgorio con lo que no les pertenece. Si se logra que nadie pueda disfrutar de lo mal habido es esta un arma mucho, muchísimo más poderosa que la cárcel a la que nadie teme, como está demostrado por la reiteración del delito dado que cuando lo robado se conserva, permanece en sus cuentas y permite el lujo lo que logra es invitar a imitar el comportamiento tan lucrativo. Por lo dicho insistimos que la privacidad, el ocultar la información financiera y de la manera como se maneja lo público, lo cual es una práctica común y hasta, quien lo creyera, amparada por normas perversas de la cual hechan mano ladrones veteranos, el verdadero abono para el mal que nos corroe; que todo se sepa y así nadie podrá reclamar honestidad en medio de la porquería.

 

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