Jesús Saldarriaga G.
Columnista

Es irónico saber que los italianos, alemanes, japoneses, ingleses y estadounidenses, son los consumidores más sofisticados del café colombiano. Este es calificado el mejor café del mundo, por la suavidad, al compararlo con el de Brasil o Vietnam. Colombia, que debe su segunda acumulación primaria de capital a las bonanzas cafeteras, tiene en los departamentos del Eje Cafetero, el mayor legado de la cultura cafetera y el impulso a sectores productivos como el comercio, turismo y los servicios, pero no el gusto por el buen café.

 

En el año 2014, fue la última bonanza cafetera, pues confluyeron en el mismo año un alto precio internacional (2 dólares la libra), una revaluación creciente del dólar, el cual llegó a $2.050 pesos, y la producción creció el 22%. Con ese entorno, Risaralda tuvo exportaciones para ese año, de 437 millones de dólares.

 

En 2018, el precio internacional promedio de la libra de café, se cotizó en un dólar, la cosecha cafetera disminuyó en un 3%, pasando de 14,05 a 13,72 millones de sacos. Además, venía de otra disminución igual entre 2016 y 2017. En este contexto, Risaralda presentó un valor de exportaciones de café de 206 millones de dólares.

 

Si comparamos el valor total de las exportaciones de café de Risaralda, entre 2014 y 2018, tenemos que, en cuatro años, la economía, ha perdido la mitad del valor de los ingresos del comercio exterior por la venta de café (231 millones de dólares). Dicho valor, para una economía pequeña como la de Risaralda, impacta fuertemente la dinámica empresarial, y los ingresos de las familias cafeteras. La difícil coyuntura, se viene dando, a pesar que la devaluación del peso colombiano ha sido alta en los últimos años (hoy el precio del dólar, está en 3.115 pesos, 1.065 pesos más que en el año 2014).

 

Lo anterior, describe la estructura compleja del sector cafetero colombiano, el cual pasa por la alta dependencia del consumo externo, pues de los 14 millones de sacos que se producen promedio al año, solo 1,5 millones de sacos se venden en Colombia. Adicional a la baja sofisticación de los consumidores de café colombianos, pues la Federación Nacional de Cafeteros, como líder del sector, perdió tiempo valioso en las épocas de las bonanzas cafeteras, para promover el consumo interno. La primera tienda Juan Valdez, se abrió el 12 de diciembre de 2002 en el Aeropuerto Internacional el Dorado de la ciudad de Bogotá.

 

En Colombia y lo más crítico, en el paisaje cultural cafetero, no somos sofisticados para tomar café, como los europeos. En estos países no se produce un grano de café, pero si son los que pagan más de cinco dólares por una taza, los que fabrican los equipos para prepararlo, y desarrollan las tecnologías para volverlo más rentable.
Es en ese escenario, donde cobra gran valor el modelo implementado por la Cámara de Comercio de Pereira, para incentivar en su interior, el consumo de cafés especiales, de las asociaciones de los diferentes municipios, promoviendo y agregando valor, incluso, sirviendo café especial a sus colaboradores y a los clientes (empresarios) que van al área de registros.

 

Hasta el 28 de febrero de 2019, en la Cámara, se venía consumiendo un café de baja calidad, el que, por supuesto, valía la mitad de lo que cuesta el café especial. Pero la apuesta sobrepasa este cálculo, pues se encamina a sofisticar el paladar de los risaraldenses, para consumir café de origen, y sensibilizar sobre el valor y la importancia social que tiene beber café tostado y molido, que asegura la calidad de todos los eslabones de la cadena y que se cultiva en las fincas cafeteras de Risaralda. ¡una buena práctica, digna de replicar en otras instituciones!

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