Germán Ossa

Hablamos de Elsa Victoria Ríos (foto), la artista pereirana que un día decidió irse de nuestra pequeña ciudad para los Estados Unidos, con la ilusión de convertirse en una verdadera artista del color.

 

 

Mucha lucha, muchas preocupaciones, mucho estudio, muchos viajes, muchas experiencias y mucho trabajo, han corrido por su territorio personal para tallar de verdad a esa mujer que ahora vestida con el sugestivo nombre (seudónimo) de Elsavictorios, se encuentra disfrutando de las verdaderas mieles del éxito.

 

 

Empezó hace años viajando tímidamente por algunos países que le llamaban poderosamente la atención, con el fin de saber cómo funcionaban las galerías de arte, las exposiciones y los artistas que andaban de moda, para intentar hacer lo que según ella, y esos medios, era lo que debía hacerse.

 

 

Ya hoy, para su orgullo, son muchos los galeristas, los organizadores de exposiciones, los coleccionistas, los artistas de todos esos países y muchísimos más, los que la buscan para invitarla, con el fin de pedirle que les muestre lo que hace, lo que concibe, lo que inventa, lo que crea.

 

 

A ella, por su condición de latina, de caribeña, de cafetera, de paisa, de colombiana, de sencilla, de noble, de disciplinada, le ayuda mucho el corazón para guiarla a la creación de cosas diferentes, cálidas, vistosas, atractivas y muy particulares, lo que le da su impronta, su sello, su marca, su especial originalidad.

 

 

Desde hace algunos años se ha sumergido en el territorio de la magia de las bicicletas, esos vehículos de dos ruedas delgadas, llenos de radios metálicos concéntricos que dan la estabilidad al aparato y propician su movimiento y que ubica en los espacios más exóticos, míticos, idealmente imaginados, para armar esas obras de arte que llenan de magia, calor, alegría y vida todos los entornos donde han de ubicarse. He allí donde radica su encanto.

 

 

Sus pinturas invitan a la calma, a la reflexión, a la meditación. Uno vive infinidad de historias, cada que desea gastar unos minutos parado frente a una o varias de sus obras, si se quiere, uno viaja con sus ciclas o recuerda sitios, habitados real o fantasiosamente, cuando los ojos se empecinan en adentrarse en sus rojos, verdes, azules o amarillos paisajes inverosímiles.

Bien por todo lo que has conseguido, querida amiga Elsavictorios. ¡Te lo mereces!

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