La era digital implica grandes desafíos tanto para los medios de comunicación tradicionales como para el ejercicio del periodismo. Este dramático cambio en la manera de informarse y de informar ha obligado a los medios a reinventarse, ha significado la irrupción de muchos más generadores de contenidos y de consumidores dueños de su tiempo, y podría derivar en una especie de “uberización” en el ejercicio del periodismo. Sobre el presente y el futuro del periodismo en el mundo digital, hablamos con José Antonio Sánchez García, editor general de contenidos digitales de El Tiempo, quien orientó en Pereira una jornada académica programada con motivo de El Día del Periodista invitado por el aspirante a la Alcaldía, Carlos Maya.

 

¿En la era digital para dónde va el periodismo?
Va, digamos, al mundo de las oportunidades pero también al mundo de las amenazas. Para las marcas y los medios tradicionales, es la oportunidad de reinventarse día a día y, al mismo tiempo, la amenaza de competir en el mercado con nuevos jugadores mucho más flexibles y con una audiencia muy esquiva y que no es tan fácil de cautivar como antes. En la época del siglo XX la lealtad entre los periódicos tradicionales y los lectores era mucho más fuerte y ahora hay una diversidad de medios, personas y nuevos jugadores generando información y eso ha bajado mucho el nivel de lealtad de los consumidores de información con las marcas.

 

¿El riesgo, además, es que hoy la gente lee muy poco?
La gente no está leyendo como debería. Hay una súper producción de información, y no tendríamos ni esta vida ni la otra para leer lo que se está produciendo, hay muchas distracciones para el lector y estamos en un mundo donde las noticias entraron a competir con el entretenimiento de una manera muy fuerte. Los que van a Facebook, Twitter o Instagram encuentran una oferta de contenidos donde el 80 % es entretimiento y las noticias tienen cada vez más reducido el espacio. Aunque consultemos un promedio de 200 veces al día el celular, básicamente estamos consumiendo información entre 3 a 6 minutos, pero el resto está dedicadas a otro tipo de acciones.

 

¿Un personaje con 2 millones de seguidores en Twitter no necesita otros medios?
Son las marcas o los medios personales, cosa que ha entendido muy bien personajes como Donald Trump que luego de su crisis financiera del 90 encontró que haciendo un programa de TV, un show talk llamado “El aprendiz”, y creando una cuenta en Twitter creó su propio medio de comunicación sin filtro, sin tener que pasar por la edición, por la contra-pregunta o por la investigación. Ahí vamos a tener que hacer un esfuerzo los medios de hacer de alfabetización digital para darle a entender a la sociedad que es muy importante la presencia de un medio de comunicación y no de un influenciador diciendo cosas que a veces no son ciertas.

 

¿Las noticias falsas se han vuelto una epidemia sin fin?
Sí. Y eso ha golpeado a las redes sociales y hay una crisis de confianza, tanto para los medios de comunicación como para las redes sociales. Hay barómetros internacionales como el Barómetro de Confianza de Edelman y encuestas como las del Instituto Reuters que dicen que la gente confía menos en medios de comunicación y menos en redes sociales. Y hay investigaciones como la del Centro PEW que dicen que un 40 % de los usuarios en Estados Unidos han dejado de estar conectados en redes sociales por la proliferación de información falsa. Ahí los medios deben entrar a decir: la información mía está garantizada, verificada, chequeada, contextualizada y recontraconfirmada, pero la que está en otras plataformas no lo está.

 

¿En este escenario cuál es la realidad de los medios impresos?
Pues están viviendo una transformación, aunque algunos se niegan a decir que están muriendo, otros dicen que sí, pero yo creo que van a quedar como un producto de un nicho muy específico y selecto de personas que lo van a seguir consumiendo. Va ocurrir como los llamados vinilos o acetatos de la música que en algún momento los dimos por desaparecidos en el mercado ante la aparición del CD y luego de las plataformas de streaming como Spotify y otras, pero aún hay personas que siguen comprando los vinilos y los tienen como un producto perdurable y vigente.

 

¿La transición es inevitable?
Puede que los periódicos no tengan un mercado masivo como lo tuvieron en el pasado, que sea mucho más de nicho. Pero hay ejercicios como de The New York Times que tienen dos millones de suscriptores digitales e hicieron esta transición al mantener la suscripciones del impreso pero crecer en el producto digital. Y también lo hizo The Washington Post. De hecho ya el 40 % de los ingresos de The New York Times corresponden al producto digital. Pocos creían que lo digital ayudara a sostener un negocio centenario como éste pero hoy ellos están demostrando que se puede, que de los 2.700 millones de dólares que tuvieron de ingreso un 40 % viene del negocio digital.

 

¿En Colombia cómo ha avanzado esa transición?
El paso ya lo dieron marcas importantes como Semana. El Espectador y El País de Cali, están ensayando, pero no es fácil y es un negocio que hay que sostener en el tiempo. El El Tiempo aún está considerando esta decisión. No es un tema de un éxito rotundo en los primeros años, hay que cambiar un poco la relación con el lector, hay que fidelizar mucho más, escribir y producir contenidos de otra manera, contenidos que produzcan identidad con el lector, que lo enganche y que le sea útil. Hace años no podían salir de casa sin leer el periódico porque se sentían sin desayuno o desnudos, hay que volver a crear esos hábitos. Que si alguien no tiene suscripción al periódico local no puede tomar unas buenas decisiones en la vida.

 

¿Cómo generar esa cultura de pago en el medio digital?
Hemos caido en el error de generar información en todas las plataformas y gratis. El lector como que se acostumbró a que todo es gratis y que no hay que pagar por el contenido, pero hay que pagar por él. Igual pasó con la televisión abierta. Cuando se hace una comparación entre lo que produce Netflix y lo que producen los canales abiertos de TV hay una diferencia enorme, la calidad del producto y, sobre todo, en la disposición del producto. Cuando es un producto por demanda, es decir cuando el televiente quiera ver y no cuando la franja del canal decida que tiene que verlo, eso hace la diferencia. La televisión logró encontrar la manera de monetizar los contenidos en forma más ágil y rentable y los periódicos tienen que encontrar también ese camino.

 

¿Hoy cuando los reporteros robots han hecho su irrupción, qué va a pasar con los periodistas de carne y hueso?
Hay un riesgo grande que ya están advirtiendo algunos estudios, principalmente hay un estudio del Wan-Ifra que es la organización de 600 periódicos alrededor del mundo, que hablan del proyecto de blockchain e inteligencia artificial. Y dicen que el oficio puede entrar en la era de la “uberización”, en la lógica del Silicon Valley, en el sentido de que ya los comunicadores o periodistas no va a tener contratos de vinculación permanente con un medio sino que va a convertise en “socios” de ese medio y van a recibir micro-pagos o pagos por proyectos específicos.

 

¿Qué va a pasar, entonces, con ese mercado laboral?
Eso puede servir para hacer una empresas muchas flexibles desde el punto de vista del empresario y de la necesidad de mantener vivas las empresas, pero desde el punto de vista humano puede ser muy difícil. Hay que recordar que tenemos un país de 21 millones de personas trabajando, pero solamente siete millones están formalizados o tienen contrato a término indefinido y otro sector muy grueso está en la informalidad. Si el periodismo avanza hacia ese tipo de contrataciones va a ser muy dificil la calidad de vida y la supervivensia de varias de las generaciones que vienen a convertirse en periodistas o comunicadores.

 

¿Qué tan cercano o qué tan lejano está ese panorama?
Yo lo que veo es va a venir como una contraccioón de las redacciones, una disminución en el número de periodistas, ahí van a estar los más agiles, los más capacitados, los que vuelvan a poner sobre la mesa el contenido exclusivo, valioso y diferencial y así vamos a operar durante muchos años.