Luis Miguel Cárdenas Villada
Columnista

Este sugestivo titular para connotar un comportamiento social que hoy preocupa a la humanidad mundial atosigada de inteligencia virtual y ávida de conocimiento específico, no siempre generador de bienestar. Conocer es sinónimo de crecimiento territorial presuntamente apropiado para obtener logros significativos en un conglomerado que tiene en la familia la base fundamental en la organización política del Estado en un modo de ocupación donde prima la propiedad privada.

Hasta este momento teórico del materialismo histórico, todo parece normal, de no ser porque en la contemporaneidad y sin abandonar los principios fundamentales, la formación de la familia dista mucho del orden enunciado. La familia hoy es un núcleo social de conveniencias donde la integración no solo cumple el rol organizacional y reproductivo de sus integrantes sino que trasciende más allá del compromiso meramente biológico y político para convertirse en una empresa formada por individuos independientes que buscan objetivos disparejos entre ellos, no se requiere la formación heterosexual para formar familia; esto es adecuado por reconocimiento intrínseco y no por aceptación hipócrita de estirpes conservadoras que pretender otorgarle a esta base social lineamientos moralistas ya superados. La familia de hoy la conforman dos individuos sin importar el género; requieren tener otros miembros denominados hijos y su origen no solo surge del apareamiento sino de otros vínculos biológicos o civiles. La ramificación y ampliación del núcleo parental genera no solo consanguinidades sino también afinidades, haciendo la diferencia conveniente entre legítimos y naturales., con esto surge la organización moderna familiar, base suficiente para definir Estado. Simple, siempre ha sido así, el Estado somos todos.

La propiedad privada caracteriza el modo y el modelo de Estado; está ligada umbilicalmente a la idea humana de poseer individualmente sin importar los demás personajes incluyendo los miembros de su familia. No importa el vínculo matrimonial, esto para ellos es una simple formalidad. La relación entre congéneres es por conveniencia. El uno necesita del otro porque le es provechosa y obtiene un beneficio. Surge entonces aquello de los hijos deseados o no. ¿Deseados para qué?

Convenido y aceptado este compromiso los padres asumen el rol protector de su descendencia por competencia jamás por responsabilidad. Permanece en el individuo la tendencia egoísta de logros personales sin importar un sieso la familia que el mismo creo. Mantener la pinta, mantener la propiedad, aprovechar los hijos como instrumento de producción para sus logros, son los verdaderos propósitos de la familia conformada en su cúspide por individuos disparejos con propósitos también desemejantes. Unidad familiar, pura carreta.

Este enfoque territorial que tiene más de antropológico que de político permite llamar la atención de la sociedad citadina para que asuman el rol responsable de padres. Sus competencias están definidas más no sus verdaderas responsabilidades. Los niños, jóvenes y adolescentes tienen el derecho fundamental de nacer libres; para ello se requiere tener padres libres y verdaderamente responsables. No es propio de una sociedad, así sea posmoderna dejar a sus hijos desentendidos con el argumento hipócrita del trabajo y sus labores; quitarles descomedidamente el derecho a ser libres ocupando su tiempo libre para su formación orientada es políticamente incorrecto.

Mostrarles el camino con amor real debe ser el propósito. Se entendería bajo este enfoque el por qué existen niños, jóvenes, adolecentes, suicidas, sicarios, delincuentes, guerrillos o paracos, ¿Responda Usted?
Lumica74@hotmail.com

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