Iván Tabares Marín
Columnista

La izquierda y los intelectuales que escriben en los medios se han burlado, y lo siguen haciendo (vea el último número de revista Arcadia) del impacto que causaron las cartillas de Colombia Diversa y la ONU en los creyentes cristianos cuando Gina Parody era la ministra de educación. Las redes sociales se llenaron de memes para enfatizar la ingenuidad de los cristianos al creer que nuestros hijos se iban a volver homosexuales con aquellas cartillas. Hasta el mismo presidente Santos aseguró que la tal ideología de género no existe.

 

Los hechos son peores de lo que se pensaba. Acaba de surgir en Europa un movimientos cultural, social y político orientado expresamente a realizar el proyecto temido por los líderes religiosos y considerado estúpido por nuestros “progresistas” y “decentes”. Se llama el posgenerismo y busca aprovechar toda la tecnología actual en materia de reproducción humana y facilitar a cada uno de nuestros hijos los medios para escoger el género que quieran y no tengan que someterse a los modelos machistas heterosexuales impuestos por la sociedad capitalista.

 

Ese proyecto fue denunciado por el canal alemán DW en su programa Enfoque Europa bajo el título “Educación con género neutro”. Se muestra a un padre sueco transexual, con su pareja, evitando que su hijo entre en contacto con ropas, juguetes y cualquier otro referente masculino o femenino, como si lo heterosexual fuese la parte maldita que hay que bloquear, como los judíos en la Alemania nazi o los burgueses en los países socialistas. El posgenerismo es la ideología del transgenerismo, un monstruo peor que el que aterraba a los pastores evangélicos y a algunos sectores del catolicismo.

 

El proyecto del posgenerismo ya fue probado en algunos colegios de Bogotá durante la administración de Petro y obedece a la misma ideología que la comunidad Lgbti intentó introducir con las cartillas de Gina, defendidas con furia por la líder de la Alianza Verde, Claudia López. No existe ningún estudio serio o científico sobre los posibles efectos de ese experimento; al contrario, en opinión de expertos psiquiatras y psicoanalistas, ese es un proyecto imposible de consecuencias imprevisibles y perversas para los muchachos.

 

En resumen: 1. El posgenerismo es el síntoma o el conflicto personal de sus promotores; no es el problema de la mayor parte heterosexual de la humanidad que, sin duda, no podrá aceptar esos experimentos por el bien de los niños. 2. No estoy defendiendo la doctrina religiosa fundamentalista u homofóbica de la sexualidad. 3. Hay un análisis estructural o psicoanalítico de la sexualidad respaldado por marxistas, como Slavoj Zizek, e ignorado por nuestra izquierda y la Alianza Verde. 4. El posgenerismo desconoce la importancia del inconsciente en la determinación de nuestra identidad sexual o de género. 5. “La oposición binaria de lo masculino y femenino, dice Zizek, es constitutivo de lo sexual como tal, y no hay diversificación clasificatoria que pueda librarnos de ella”.