Augusto Mejía
Columnista

La figura más refulgente de la Amerindia, para diferenciarla de la América del Norte o Anglosajona, fue nuestro Libertador Simón Bolívar, y de quien más se ha escrito de nuestra historia pre y post republicana. La redacción de lectura de “El Tiempo” del domingo 11 de agosto publicó un reportaje que le hicieran a la escritora peruana Marie Arana, de padre peruano y madre estadounidense, quien desde los 9 años vive en los EE.UU. Ha sido editora del Washington Post, novelista, y ahora sorprende con su obra “Bolívar, libertador de América”, escrito en inglés hace 6 años (2013), ahora traducida al español, sorpresa para los medios de hable inglesa, haciéndole afirmar al gran biógrafo Walter Isaacson que, “al fin Bolívar tiene la biografía que se merece”.

Uno de los tatarabuelos de Marie fue el general de brigada, Joaquín Rubín de Celis, quien fue el primer español en caer en la batalla de Ayacucho; y el otro, Pedro Cisneros de la Torre, luchó con los ejércitos de Bolívar en esa misma batalla. En las bibliotecas del Congreso de Washington y de las universidades de Brown en Rhode Island, ricas en colección sobre las guerras de independencia latinoamericana, y la extensa correspondencia de Bolívar, Marie Arana pudo colegir que por haber quedado huérfano desde tan pequeño, el Libertador recibió más amor de la “negra Hipólita”, la esclava que lo había cuidado desde que nació, que de su hermana y tíos; y además prefería la compañía de niños esclavos a los de su propia clase. Marie cree que la devoción de Bolívar por las guerras de independencia, sus ejércitos, su cohorte revolucionaria, sus ideales de libertad; se convirtieron en la familia que nunca había tenido.

De no haber sido por la muerte de su esposa María Teresa, cuando tenía 19 años; hubiera sido solamente un terrateniente afortunado, que no nuestro libertador; y que esa pérdida irreparable lo llevó a la depresión y a una vida disoluta en Paris, hasta que su maestro Simón Rodríguez logró sacarlo de esas profundidades, y entonces, Bolívar se dio cuenta que podría dedicar su vida a un objetivo más elevado, como fue el alcanzar nuestra independencia del yugo español.
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