Alfredo Cardona Tob?n

Diez a?os despu?s del triunfo en Boyac?, el vicepresidente Francisco de Paula Santander organiz? festejos para celebrar tan magna fecha. Hubo bailes, corridas de toros, juegos pirot?cnicos, desfiles marciales y numerosos actos culturales.

El dormido Santa Fe despert? y el pueblo rolo en medio de chicha, g?novas y repiques de campanas record? la salida de S?mano y revivi? la memoria de los m?rtires sacrificados en la Huerta de Jaime en medio del terror instaurado por los espa?oles.

Por ese entonces Jos? Domingo de la Roche ejerc?a su profesi?n de abogado y matizaba leyes e incisos con la pintura y el dibujo. Hab?a escrito algunas poes?as en honor a los h?roes de la Patria; por ello su condisc?pulo, el general Santander, le encomend? la tarea de escribir una obra de teatro sobre la vida, pasi?n y milagros de Policarpa Salavarrieta.

 

La valiente muchacha de Guaduas no hab?a sido la ?nica granadina sacrificada por los realistas. Decenas, centenares de mujeres patriotas, murieron en los cadalsos o en el campo de batalla : Antonia Santos, Mercedes ?brego, Justa Estepa… pagaron con su vida el amor por la libertad, pero La Pola, m?s que cualquiera de ellas, estaba m?s cerca de los bogotanos, pues su presencia a?n se sent?a en las calles empedradas de la antigua capital del virreinato. Todos dec?an haberla visto, conversado con ella y conocido su valor y coraje. Estaba viva en los corazones capitalinos y era ella quien encarnaba lo m?s sagrado de la rep?blica reci?n nacida.

 

Por ese entonces Bogot? era una peque?a y sucia ciudad de apenas 19.000 vecinos, con pocas letras y escasa o nula tradici?n teatrera. No solamente faltaban autores sino tambi?n actores que se lucieran en un tablado. Por eso fue una haza?a que De La Roche escribiera unos guiones, entrenara a los componentes del elenco y montara el espect?culo. Habr?a sido m?s f?cil limpiar de malandrines los peligrosos recovecos santafere?os o marchar hacia el sur a combatir a los chapetones cuyas tropas se aferraban al poder en el virreinato del Per?.

 

Fue casi imposible encontrar quien representara a La Pola, pues ninguna mujer decente se le med?a a mezclarse con la guacherna que llenaba los improvisados escenarios en las ferias y fiestas religiosas. Al fin ? una guaricha de buen ver? y algunas dotes histri?nicas se midi? a encarnar el personaje, empezaron los ensayos en el Coliseo Ram?rez y fue tomando forma la pieza teatral que constaba de cinco actos y una entrada con clarines y tambores.

 

Para el papel de S?mano se contrat? un matarife con cara patibularia y otro individuo con una cicatriz en la frente hizo las veces de verdugo. Se acondicion? el estrecho Coliseo Ram?rez, que sirvi? de escenario, de camerino y dep?sito y as? entre ajos y olor santafere?o se fue acercando la hora en que La Pola nuevamente iba a ser sacrificada en aras de la Independencia colombiana.

 

Lleg? el d?a siete de agosto de 1820. El Coliseo construido por el empresario Tom?s Ram?rez en un lote situado al frente donde hoy est? el Teatro Col?n, se llen? hasta los topes. Animado por la chicha el pueblo bogotano en medio de los gritos record? a Policarpa y a su amado Alejo Sabarain. Todo iba bien, o al menos controlado, hasta que apresaron a Sabarain y lo llenaron de cadenas; entonces empezaron las protestas del p?blico contra los antiguos opresores y llovieron naranjas y tomates sobre los actores que representaban a los espa?oles.

 

Cuando condujeron a La Pola hacia el suplicio y la pusieron frente al pared?n donde la fusilar?an se present? la debacle. La concurrencia enfurecida impidi? que volvieran a sacrificarla; un pedazo de panela por poco acaba con S?mano quien para salvar su integridad se ocult? tras unos barriles, mientras los jueces se escurr?an por debajo del tablado y se esfumaban los soldados realistas que conduc?an a la hero?na.

 

El coliseo tembl?, parec?a sacudido por un terremoto. De La Roche vio que iban a destruir el local y en un acto supremo tom? valor de donde no lo hab?a y con los brazos en alto anunci? a la concurrencia que a ?ltima hora el virrey hab?a cambiado la sentencia de muerte por la pena del exilio en los Llanos Orientales y que La Pola ser?a liberada de inmediato y reunida con Alejo.

 

Los ?nimos se calmaron poco a poco, uno de los sacerdotes que acompa?aban a los condenados a muerte uni? en santo matrimonio a La Pola con su enamorado. Poco despu?s la actriz que representaba a La Pola, l?vida de miedo, por poco se desmaya apretujaba por el gent?o, mientras abandonaba el proscenio entre banderas, tambores y clarines y se perd?a en la oscuridad de la noche sabanera.

 

Parece que la obra se present? en tres sitios bogotanos; se ignora si con el gui?n original o con los cambios forzados en el Coliseo Ram?rez. El sacrificio de La Pola trascendi? allende de las fronteras, en la Argentina Mitre escribieron una tragedia basada en la vida y muerte de la Salavarrieta; aqu? la recordamos a diario: una cerveza que llamaron Pola simboliz? esa bebida; vemos a La Pola en pinturas, en poemas, en billetes y en una exitosa telenovela que ha dado la vuelta al mundo.

 

Con tales manifestaciones parece que la Salavarrieta, esa noche, salv? su vida en el Coliseo Ram?rez y se qued? viviendo en los corazones de los colombianos.

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