El Concurso Nacional del Bambuco

Reconforta el alma saber que todavía hay eventos en los que el talento prima sobre el poder, el arte está por encima de la fuerza y las aspiraciones regionales se manifiestan en ondas musicales.

 

Se cumple durante este puente en la ciudad uno de los encuentros de mayor renombre en el país y quizás el que mejor recoge los autores de la música colombiana, el XXVIII Concurso Nacional del Bambuco.

Desde ayer viernes se han dado cita en Pereira más de 60 participantes entre solistas, duetos y grupos intérpretes en representación de una docena de departamentos del país. En el tradicional Teatro “Santiago Londoño”, solistas vocales, duetos vocales, conjuntos mixtos, solistas instrumentales, duetos y tríos instrumentales, conjuntos instrumentales y voces femeninas y masculinas, se reúnen por vigésima octava ocasión para cantar e interpretar la música andina y las expresiones culturales más auténticas como el bambuco.

Esta vez nuevamente enriquece el evento un interesante coloquio bambuquero en el que verdaderos expertos en el tema y por sobre todo amantes de los aires andinos, hacen un diálogo abierto con el público sobre la música como auténtica expresión del alma y las más representativas expresiones autóctonas y tradicionales de los ritmos colombianos; y la presentación de grupos de artistas de reconocida trayectoria nacional.

Pocos eventos han alcanzado la altura y la importancia en el campo de la música y la cultura como éste, especialmente en los últimos años cuando sus organizadores se impusieron la tarea de convertir aquello en una ofrenda cultural y artística que al mismo tiempo que pone de relieve la excelsitud de nuestros valores autóctonos, rinde homenaje al más cercano de los aires nativos, el Bambuco.

Aquí se congregan por igual los consagrados valores de la música selecta, los conocidos intérpretes de los aires andinos y también quienes, no tan populares, son oradores valiosos de inconfundibles sentimientos de muchos colombianos. El talento y las cualidades al servicio del arte y de la música son el común denominador en un evento en el que las regiones se confunden y sus representantes entregan sus mejores piezas en pos de unos galardones que valen más espiritual que materialmente.

Reconforta, pues, el alma saber que todavía hay eventos en los que el talento prima sobre el poder, el arte está por encima de la fuerza y las aspiraciones regionales se manifiestan en ondas musicales. Por eso, hoy hacemos la evocación de un acto en el que los agradables sonidos de los tiples, las guitarras, las bandolas y los requintos rinden culto a la más propia de las expresiones musicales y ahogan los agudos lamentos que a diario escapan del corazón dolorido de la patria.

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