?ngel G?mez Giraldo

?Oh, el amor tan azalea, tambi?n tan rosquilla cale?a! Mas dej?monos de plantas trepadoras y digamos de una vez que mientras que el amor se da, el sexo se compra porque ah? no tiene nada que ver el coraz?n sino el deseo. Para muestra esta historia con el color de la flor del girasol, ya que tuvo inicio despu?s de salir el astro rey.

 

Era la cantina abierta a todo el pueblo desde las primeras horas del d?a. Un hombre y una mujer con edades similares, entre los 40 y los 50 a?os, lo que no produc?a envidia de juventud a ninguno de los dos. Ten?an ese semblante rural del campesino nuestro que se distingue por su bondad y generosidad.

 

La pareja ocupaba dos sillas que acercaron a ellos para juntar sus cuerpos y colocar sus codos sobre la mesa servida con cerveza, y as? poder dialogar con las manos entrelazadas.

 

No era dif?cil para cualquier observador desprevenido, adivinar que el hombre y la mujer hab?an pasado la noche juntos.

 

A?n no hab?an desaparecido en ellos los colores que en las personas saca el acto del amor.

 

Todav?a les quedaban besos y fantas?as pues se miraban con esa mirada de agua fuerte, fijamente, como se miran los que se gustan pero que no se atreven a acercarse.

 

De ella cuentan que era una mujer tan f?cil como r?pida ya que ejerc?a la profesi?n del puta?smo, y de ?l que se alimentaba con sancocho de chontaduro para no fallarle a ninguna mujer de la vida alegre como llamaron hasta hace unas cinco d?cadas atr?s a las prostitutas como si las que no lo eran fueran las mujeres m?s aburridas.

 

Entre esta pareja se present? un accidente ya que durante sus ?catreos? y? enfrentamientos cuerpo a cuerpo, ella perdi? uno de sus aritos, elaborados en oro de 18 kilates, de los que no se desprend?a ni para ir al lecho.

 

Eso la ten?a con la vanidad de mujer hecha una lombriz y empez? a hostigar al var?n para que le repusiera el pendiente desaparecido.

 

Pero como el hombre de anoche no le hac?a caso le segu?a insistiendo con promesas a?adidas de? repetirle la dosis de amor.

 

Libidinoso como el mar revuelto, el macho finalmente reaccion?: sali? en busca de una joyer?a y a los cinco minutos regres? al lado de su hembra coloc?ndole en el l?bulo de la oreja derecha el arito de oro? que le faltaba.

 

Mientras tanto y como premio de consolaci?n le dio un beso en la boca tan largo que los que pudieron verlos pensaban que se hab?an quedado pegados o dormidos por el exceso de morbosidad.

 

As?, de esta manera la poblaci?n entera recibi? una lecci?n: que el sexo al contrario del amor verdadero tambi?n se paga con oro.

 

La pucha

El establecimiento de cantina donde surgi? esta historia ciertamente aparece ubicado en Bel?n de Umbr?a (Risaralda).

 

Y para que vean c?mo son los diablos de la coincidencia, la pucha era una medida de volumen donde antiguamente se med?an los granos para la alimentaci?n de las familias, como el ma?z y los fr?joles, y aqu? lo risible, lo humor?stico: tambi?n la palabra, tan c?scara para m?, pucha, fue eufemismo de puta.

 

No le hace falta a La pucha de Bel?n la paradoja en salsa: porque viene abierta y atendiendo al p?blico desde hace m?s de medio siglo y apenas a unos cuantos pasos de la iglesia principal de la poblaci?n.

 

El actual propietario de La pucha donde hombres y mujeres consumen caf? o licor, porque all? la decencia es un solo traj?n del d?a y de la noche, es Ariel Hoyos Guzm?n, padre del alcalde An?bal Hoyos:

 

-Se?or Ariel Hoyos, ?qui?n bautiz? esta cantina con el nombre de La pucha?

-Pues los curas de la iglesia. Cuenta la tradici?n oral que el establecimiento cuyos primeros propietarios fueron dos amigos, lo hab?an convertido en un centro de anticlericales y ateos que se lo pasaban consumiendo licor y blasfemando contra Dios y los curas.

 

Los religiosos en represalia, les respond?an a los incr?dulos con anatemas y maldiciones . Cada vez que se refer?an a la cantina tan cerca a la Casa del Se?or, lo hac?an con el despectivo de ?la pucha?.

 

?Ah hijuepucha! ?Va la pucha! Dec?an nuestros ancestros para no pronunciar la palabra aquella, m?s ofensiva.

 

Y no digo m?s ya que as? fue como surgi? la primera leyenda de La pucha en Bel?n de Umbr?a, el ?nico pueblo cuya feligres?a pertenece a la Di?cesis de Pereira que tiene obispo distinto al titular Rigoberto Corredor: se trata del Cerro del Obispo con una altura de 2300 metros sobre el nivel del mar, que con el Cerro de Pi?ales a igual altura, podr?an ser adecuados como miradores tur?sticos de Risaralda.

 

Hoyos Guzm?n es ciudadano de Anserma (Caldas), quien lleg? a esta localidad risaraldense? por all? en el a?o de 1963 y subarrend? el negocio de ?La pucha?, que con la mejor atenci?n y el buen trato a los clientes termin? convertido en propietario a mediados de la d?cada del 80 en el siglo pasado. ?La compr? a Carlos Tulio Valencia?, revela con la satisfacci?n del hombre que ha hecho un buen negocio.

 

De estatura

Su hijo, An?bal Hoyos, actual Alcalde del Municipio de Bel?n de Umbr?a es un hombre que como persona y como jefe de la administraci?n municipal es de muy buena estatura: mide 1 metro con 80 cent?metros, y como funcionario tiene la mejor calificaci?n.

 

La estatura f?sica la hered? de su se?or padre, Ariel Hoyos Guzm?n quien mide 1 metro con 90 cent?metros.

?Gigantes? Interrogo al propietario de La pucha y el me responde presumiendo de descendientes de Goliat:

?At?rrese ?ngel, yo tuve un sobrino, Jaime, hijo de mi hermano Jaime Hoyos que med?a 2 metros con 10 cent?metros. El muchacho viv?a acomplejado por su gran altura y porque era casi imposible encontrar zapatos de su talla. Para colmo el pap? muri? cuando el hijo hab?a cumplido 20 a?os. Complejo y depresi?n se le juntaron tanto que lo llevaron al suicidio porque termin? lanz?ndose del viaducto Cesar Gaviria Trujillo de Pereira hace algunos? a?os?.

 

?Virgen Santa! Cuid?monos de andar con tan malos amigos como son los complejos y la depresi?n.

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