El debate ya pasó y a partir de ahora el doctor De la Espriella es el presidente no solo de la mitad de colombianos que votó por él, sino de la otra mitad no lo hizo, y por tanto debe actuar como tal.
Terminado el escrutinio oficial de las elecciones presidenciales del pasado domingo y despejadas todas las dudas que, frene al proceso de votación y conteo, expresaron tanto el candidato perdedor, como el propio presidente de la República, se puede confirmar la elección del doctor Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de los colombianos.
Aparte de las cifras finales, del comportamiento electoral de las regiones y grandes capitales y del crecimiento o disminución de los dos candidatos frente a la primera vuelta, vale la pena destacar, primero la alta participación de los ciudadanos en los comicios del domingo; segundo, que a pesar de todas las amenazas los colombianos pudieron votar sin dificultad; y tercero el excelente trabajo de la Registraduría Nacional.
La participación ciudadana rondó el 64% de la población apta para votar, la cifra más alta de la historia para una elección presidencial. Ya la primera vuelta había mostrado un importante incremento frente a elecciones anteriores y ahora ese comportamiento fue mucho mejor, lo que sin duda es un acontecimiento importante para la democracia.
Lo otro es que las elecciones se pudieron cumplir sin contratiempos en todo el territorio nacional, aún en los puntos más distantes y con mayores dificultades de acceso para los electores. Por último, la tarea de la Registraduría fue ejemplar. Ni una sola sombra de duda sobre su trabajo, la rapidez, la organización y la transparencia de los resultados.
En cuanto a las cifras definitivas que está punto de entregar Consejo Nacional Electoral, si bien la diferencia entre el candidato ganador y su rival, no fue excesivamente grande, algo más de 250.000 votos es más que suficiente y no dejan la más mínima duda sobre la elección del doctor De la Espriella como nuevo mandatario de los colombianos.
El país se expresó en las urnas frente a la opción de continuidad de la fracasada propuesta de cambio planteada y desarrollada por el presidente Petro durante su gobierno y una propuesta de recuperación de la seguridad, de restablecimiento del orden institucional, de mano dura contra el crimen, de rescate del sector salud, de estabilización de las finanzas públicas, de lucha contra la corrupción y de fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, esbozada por el candidato De la Espriella.
Una propuesta esta que se planteó por fuera de los partidos políticos tradicionales, de las estructuras partidistas de siempre, de los congresistas en ejercicio y electos, de los grupos que suelen participar en las contiendas electorales, de las organizaciones sindicales y de las asociaciones religiosas. sociales y comunitarias. Una propuesta nacida de una visión del país como empresario, como dirigente y como ciudadano que ha sido testigo del desmoronamiento del país y de sus instituciones.
De todas maneras el debate ya pasó y a partir de ahora el doctor De la Espriella es el presidente no solo de la mitad de colombianas que votó por él, sino de la otra mitad de no lo acompañó y votó por Iván Cepeda, y por tanto debe actuar como tal, sin revancha, con mesura, con responsabilidad y con esa vocación de unidad nacional que tanta falta le hace al país.