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viernes, diciembre 2, 2022

Y a nadie parece importarle

Esto no parece importarles a los vecinos de la vía, ni a los motociclistas que transitan por allí, y mucho menos a las autoridades de Policía.

Este periódico publicó por estos días, en fechas distintas, dos fotografías que daban cuenta, por supuesto de la irresponsabilidad de la gente, pero sobre todo de la falta de control de las autoridades en el punto donde hace un año un alud de tierra sepultó varias personas, y hace algo apenas unas semanas otro hecho similar tapó y mantiene cerrada la llamada variante La Romelia-El Pollo.

Las imágenes mostraban decenas de personas, inclusive llevando de la mano a niños pequeños, y motos, que, a pesar de la prohibición y de las barreras de protección instaladas para evitar que siquiera se acerquen a la montaña de tierra y escombros que cayó sobre la calzada, las esquivan, montándose por encima de ella para pasar al otro lado de la vía, poniendo en grave riesgo sus vidas.

Se ha dicho por todos los medios que la ladera, que ya se ha desprendido en dos ocasiones, sigue estando muy inestable y que en cualquier momento puede volver a fallar y desprender nuevamente decenas de miles de metros cúbicos de tierra y de escombros de lo que quedó de la demolición obligada de más de 250 viviendas de la unidad residencial Portal de la Villa.

Sin embargo, esto no parece importarles a los vecinos de la vía, ni a los motociclistas que transitan por allí, y mucho menos a las autoridades de Policía que conociendo el estado de la ladera y por tanto el peligro latente que allí existe, no se les ocurre instalar allí un puesto de control para impedir que familias enteras y viajeros en moto se suban por encima del montón de tierra que esta sin remover para ahorrarse los minutos que les lleva tomar alguna vía alternas y poder continuar con su camino.

Ver estas imágenes y recordar las que este mismo periódico publicó hace un años del estado en que quedaron los vehículos que pasaban por el sitio en el instante en que la montaña se vio abajo, produce, claro está, escalofrío pero, sobre todo, rabia por la indiferencia de unas autoridades que parecen insensibles a lo que pueda pasar si en el momento en que por allí estén cruzando algunas personas a pie o en moto, la ladera vuelve a ceder.

Con razón el Instituto Nacional de Vías ha dicho que no iniciará los trabajos de remoción del derrumbe hasta que no este construido el muro de contención que han recomendado los expertos, pues saben bien que en cualquier momento se puede repetir el derrumbe y la tragedia de hace un año.

Es urgente, pues, que las autoridades pongan vigilancia día y noche en el sitio donde ocurrió el deslizamiento y permanece tapada la calzada, para evita que personas a pie o en moto se suban por encima del montón de tierra e intenten pasar al otro lado de la vía, exponiendo peligrosamente sus vidas. Sería imperdonable que, conociéndose los riesgos de esta aventura, sucediera allí otra tragedia.

Para estar informado

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