Vándalos y delincuentes

Habrá alguna persona sensata en el país que justifique los desmanes y la destrucción que unos vándalos le causaron a la ciudad, a los establecimientos de comercio, al transporte masivo de pasajeros, a los edificios públicos y a las estaciones de policía en el último paro nacional convocado supuestamente para manifestar el desacuerdo con el proyecto de reforma tributaria presentado por el Gobierno al Congreso de la República.

Quién podrá estar de acuerdo con que, para marchar y protestar por cualquier decisión del Gobierno con la cual no se está conforme o se piensa que perjudica a un sector importante de la población o de la economía, hay que saquear almacenes, quemar buses, destrozar vitrinas, derribar estatuas y atacar y golpear a la autoridad.

Qué tienen que ver con el IVA de la reforma a los servicios públicos, o con el impuesto a las pensiones, o con la nueva base gravable, o con el gravamen a los entierros, o con el recargo a la gasolina, los articulados del sistema de transporte, o los supermercados y los almacenes de víveres, o los establecimientos financieros; como para que hayan sido el blanco predilecto de la turba enloquecida que destruyó la semana pasada todo lo que encontró en su camino.

Quiénes, sino los propios vándalos, van a pagar los buses articulados quemados en las jornadas de destrucción y miedo de estos días, o los costos de reconstrucción de las estaciones del sistema de transporte masivo, o la reposición de los semáforos, o la recuperación de los edificios públicos y de las estaciones de policía saqueadas y destruidas.

Todos son bienes públicos que han sido puestos para el servicio y el beneficio de la comunidad y tanto su mantenimiento como sus reparaciones se hacen con los dineros que pagan como impuestos los ciudadanos. Por eso, no tiene ningún sentido destruir lo que hay que reconstruir o a reponer y que hay que pagarlo con los dineros de los impuestos de todos los colombianos empezando por los de los vándalos que los destruyeron.

Todo esto confirma que la razón de las marchas y protestas no fue la reforma tributaria planteada por el Gobierno y los posibles efectos que tenía sobre el costo de vida, sino el afán de crear el caos y subvertir el orden público; y que los manifestantes no son ciudadanos y trabajadores que pudieran verse afectados por un IVA a la leche, a los huevos y a los servicios públicos, sino vándalos y terroristas que aprovechando el derecho a la protesta destruyen, incendian, saquean, roban y matan.

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