Fue necesario llamar, reclamar, insistir y levantar la voz para que el responsable de conducir la reconstrucción entienda algo evidente, Pereira fue el epicentro de la tragedia nacional.
Hoy se espera la venida a Pereira del doctor Jaime Andrés Uribe, la persona designada por el presidente De la Espriella para dirigir el llamado Fondo Milagro, creado para atender la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Un mes se demoró el funcionario para venir a la ciudad más afectada por el desastre natural.
Fue necesario llamar, reclamar, insistir y levantar la voz para que el responsable de conducir la reconstrucción entienda algo evidente, Pereira fue el epicentro de la tragedia nacional. No era entendible que transcurriera un mes sin que quien tiene semejante responsabilidad pusiera un pie en la ciudad más golpeada.
Es cierto que Cali sufrió graves daños, al igual que municipios del Valle, Caldas y Chocó. Pero pretender administrar la reconstrucción desde escritorios lejanos y a punta de informes, fotografías, videos y reportes, es desconocer la dimensión humana y material de lo ocurrido aquí. Lo que pasó en Pereira no cabe en un informe.
Una cosa es lo que puedan haberle contado al doctor Uribe, o lo que hayan mostrado las cámaras de televisión y las redes sociales; y otra, muy diferente, es caminar hoy por las calles de Pereira, observar las demoliciones, los escombros, los edificios destruidos y los que están a punto de venirse abajo y escuchar a las familias que todavía no saben cómo van a reconstruir sus vidas.
Por eso esta visita es tardía. Y llega después de demasiados llamados de atención de una región que no está acostumbrada a pedir, ni mucho menos a extender la mano para vivir de las ayudas oficiales. Pereira siempre ha enfrentado sus dificultades con trabajo, solidaridad, iniciativa y dignidad.
Pero si el Gobierno Nacional ha ofrecido ayuda, Pereira tiene derecho a exigir que ese respaldo sea real, oportuno y respetuoso. No se puede hablar de apoyo mientras un mes después del desastre, ni siquiera se ha designado al gerente local que debe coordinar en el territorio una tarea de semejante magnitud.
¿Cómo pretende el Fondo Milagro conocer las necesidades de la ciudad si su responsable apenas ahora viene a verla? ¿Cómo establecer prioridades, calcular daños y definir inversiones justas sin conocer directamente lo que aquí pasó? La reconstrucción no puede hacerse desde Bogotá ni desde Cali.
El doctor Uribe tiene hoy una oportunidad. Que recorra Pereira, que camine sus calles, que vea sus heridas, que escuche a sus habitantes y que comprenda que aquí no se está pidiendo un favor. Se está reclamando el cumplimiento de una obligación del Estado con una ciudad que fue golpeada brutalmente por la naturaleza.
Ojalá, después de esta visita, algo cambie. Ojalá el Gobierno entienda que Pereira necesita hechos y no discursos, decisiones y no explicaciones. Y ojalá, finalmente, en Bogotá quede claro algo que parece haberse olvidado durante este mes, en Pereira tembló y aquí fue donde más fuerte se sintió el terremoto y donde más desastres causó.