19.4 C
Pereira
domingo, febrero 5, 2023

Una vergüenza pública

Hoy ese lugar, como lo muestra una fotografía que este periódico publicó en su primera página el pasado sábado, es una verdadera vergüenza pública.

L

os gobiernos con la misma facilidad con que idean iniciativas, las abandonan, muchas veces sin ni siquiera haberlas puesto en marcha aún después de haber invertido recursos importantes. Esto especialmente en materia de obras de infraestructura y de amoblamiento urbano.

Decimos esto por la caseta que se construyó en el lote que quedó en la esquina de la calle 24 con carrera sexta, luego de la demolición de la vivienda que había allí construida, para posibilitar el giro de los articulados del Megabús, hacia la carrera séptima y la estación que tiene el Sistema en el Lago Uribe.

En aquel lugar la Administración Municipal levantó una construcción que sirviera para instalar un pequeño negocio de café y de comidas rápidas, con una barra y unas mesas sobre la plazoleta, que al mismo tiempo que fuera un agradable sitio de encuentro de los pereiranos, le diera un toque de ciudad dispuesta al adecuado aprovechamiento y disfrute de sus espacios públicos.

Terminadas las obras del Megabús, funcionó allí un café por unos pocos días; pero lastimosamente el negocio no perduró y cerró sus puertas, y el lugar quedó en manos de nadie, sin ninguna clase de cerramiento, sin protección alguna y a merced de los habitantes de calle, de los vándalos, de los depredadores de los bienes públicos y de todo el que quisiera meterse allí.

Hoy ese lugar, como lo muestra una fotografía que este periódico publicó en su primera página el pasado sábado, es una verdadera vergüenza pública. Desde hace mucho tiempo se ha convertido en el punto de reunión de malhechores y malandrines, y en un centro de consumo de toda clase de estupefacientes. Todo en medio del total olvido oficial y de la más absoluta indiferencia de la Policía.

A pesar de que el sitio está en una zona tradicionalmente residencial, de que está en medio de varias universidades e instituciones de educación, de su cercanía con entidades de salud, de las constantes quejas de los vecinos y, lo más increíble, a una cuadra del Comando de la Policía, a nadie parece importarle este vergonzoso lugar, ni lo que allí sucede de día y de noche.

Dice la información de prensa que una organización social montará allí un café y se encargará de administrarlo y garantizar su buen uso. Ojalá, sea pronto. Mientras tanto la Administración Municipal debe aislar ese lugar y la Policía tiene la obligación de hacer presencia allí, evitar la permanencia de personas indeseables y controlar la venta y el consumo público de sustancias alucinógenas.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -