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viernes, agosto 19, 2022

Una táctica equivocada

Esta semana en una entrevista al ministro de hacienda, José Manuel Restrepo, sobre los avances de la nueva reforma tributaria que estudia el Gobierno Nacional y que piensa poner a consideración del Congreso en la legislatura que se inicia el próximo 20 de julio, dijo literalmente que el proyecto no tocará el IVA, no afectará los sueldos bajitos y que “le meterá la mano al bolsillo de los más pudientes”.

Es claro que el Gobierno necesita de más recursos para atender las necesidades fiscales que ha dejado la larga pandemia que azota al país, para mantener los programas sociales de apoyo a la población mas vulnerable, para salvar el empleo de decenas de miles de personas que están a punto de perderlo, para darle una mano a la micro y pequeña empresa que se ha visto afectada no solo por las limitaciones al ejercicio de ciertas actividades sino por los bloqueos y los recientes desordenes en todas las ciudades, y que quienes deben soportar el mayor peso de los nuevos impuestos deben ser quienes lo pueden hacer; pero una cosa es esto y otra bien distinta lo que ha dicho el Ministro y la forma en que lo ha expresado.

“Meterle la mano al bolsillo” es una expresión que se usa para quitarle a la fuerza e irregularmente algo a alguien que no quiere devolverlo. Y en este caso es como arrebatarle unos dineros a unas personas y empresas que han sido prósperas en su trabajo o por alguna razón han logrado reunir lícitamente algún dinero significativo.

Lo justo es que estos contribuyentes sean lo que más ayuden en este momento difícil y por eso, hacia ellos en que debe ir dirigida en su mayor parte la reforma tributaria que se está estudiando y que va ser presentada al Congreso en los próximos días; pero es injusto e irrespetuoso que se diga que para conseguir los dineros que se necesitan se va a despojar de ellos a los que los tienen.

Acaso estas personas o empresas lo que tienen no es fruto del trabajo, del esfuerzo de muchos años y del resultado de un ejercicio empresarial o comercial juicioso, responsable y exitoso, sino conseguido robado o mediante una actividad ilícita o evadiendo la obligación de aportarle al Gobierno lo que les corresponde.

Lo que tiene que hacer el Ministro de Hacienda y el equipo económico del Gobierno es preparar, sin amenazar y señalar a determinado sector específico, una reforma que le permita al Gobierno unos recurso adicionales con que atender el desbalance fiscal, recurriendo a los que más lo pueden hacer, y, por supuesto, también, “metiéndole la mano” al despilfarro y a los gastos inoficiosos.

El doctor Restrepo ha dicho que el plan de austeridad propuesto va a representar un ahorro de 1.8 billones de pesos; sin embargo, esta parece ser una cifra ridícula frente a lo que han expresado personas expertas como el exministro Juan Carlos Echeverry que en reciente reportaje dijo que el apretón del gobierno debe ser muy superior a lo planteado por el Ministro y cercano al ingreso esperado por la anunciada “metida de la mano al bolsillo de los más pudientes”.

Muy mal empezó, pues, el Ministro de Hacienda el proceso de concienciar las empresas y los más pudientes para que sean ellos quienes deban llevar la mayor carga en la búsqueda que hace el Gobierno de los recursos necesarios para zanjar el déficit fiscal que ha dejado la pandemia y todos los desordenes sociales de los últimos días. Ojalá, se corrija la táctica escogida.

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