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sábado, noviembre 26, 2022

Una sociedad agresiva

Cada día nuestra sociedad está más agresiva. Según datos del Instituto Nacional de Medicina Legal, entre el primero de enero y el 30 de septiembre de este año, se presentaron en Pereira 590 casos de violencia interpersonal, una cifra 30% más alta que la registrada en el mismo período del año pasado.

Pero este es un fenómeno que no es exclusivo de nuestra ciudad, ni del departamento de Risaralda, sino del país en general. Mientras en los primeros nueve meses del año anterior las víctimas de violencia interpersonal fueron 45.804 en todo el territorio nacional, en lo corrido de este año los casos de esta naturaleza llegaron en igual período a 63.995, lo que significa un incremento del 40%.

Todo eso con un pésimo agravante y es que los registros que tienen las autoridades sobre este fenómeno, están muy lejos de los reales que soportan nuestras ciudades. Por razones que van desde evitar trámites y diligencias ante la justicia, hasta creer que de nada sirve recurrir ante el despacho respectivo a presentar la denuncia correspondiente, las víctimas o los involucrados en estos hechos de violencia interpersonal, prefieren guardar silencio y, lo más grave, muchas veces tomar represalias por sus propias manos.   

Aunque hay agresiones que se derivan del fenómeno de la inseguridad como son las resultantes en un atraco o en un hecho delictivo en el que se utiliza violencia física, la inmensa mayoría de los casos son el producto de riñas o de ataques entre personas como consecuencia de la intolerancia y de esa agresividad que se ha apoderado de nuestra sociedad.

El 82% de los casos de intolerancia que se presentan en las relaciones entre los asociados, termina en una riña casi siempre con consecuencias dolorosas, desde el punto de vista físico, para los involucrados en ellas. No pocas veces inclusive, con saldo de personas fallecidas o heridas de gravedad.

De otro lado, el alcohol y las drogas son el principal combustible para los hechos de intolerancia. Después de unas cuantas copas de licor o de haber consumido alguna de las sustancias alucinógenas, cualquier discusión o mal entendido fácilmente termina en un hecho violento nadie sabe con qué consecuencias.

Mucho hay por hacer, pues, para lograr que los conflictos y las diferencias entre los miembros de nuestra sociedad no se resuelvan con hechos violentos, como ocurre hoy, sino con diálogo; que la violencia dé paso a la tolerancia; que el consumo de bebidas alcohólicas y sustancia sicoactivas no altere las relaciones personales y que los problemas que se puedan presentar se dejen a las autoridades y a la justicia para que los decida.

Para estar informado

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