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lunes, febrero 26, 2024

Una realidad

No es malo que el país envejezca y que la brecha entre la población jóven y la mayor se estreche; pero es necesario que tanto el gobierno como la sociedad se preparen para enfrentar esta realidad.

Lo que parecía que tardaría mucho tiempo en suceder en Colombia, cada día se está más cerca de que sea una realidad, y es que la población joven sea equivalente o se acerque a la población mayor.

Para no hablar sino de un solo caso que, aunque es un tanto extremo, da una idea de la tendencia al envejecimiento de la población en el país. Según una investigación de Fedesarrollo, de la Fundación Saldarriaga Concha, de la Universidad ICESI y del DANE, en 1985, siete de cada 100 personas eran mayores de 60 años, en el 2014 eran diez y en el 2022 este dato había subido a catorce de cada 100.

Esto no es malo, por supuesto. Por el contrario la ciencia, la tecnología, la medicina, los gobiernos y las instituciones que trabajan por la salud de los ciudadanos, hacen todos los días mayores esfuerzos por mejorar las condiciones de salud de la población y con ello por prolongar la vida de las personas.

Igual pasa con las campañas de prevención, de control periódico, de equilibrio en la alimentación, de comer saludable, de visitar al médico al menor síntoma de una enfermedad y de manejo de las prescripciones médica, todas están dirigidas a prevenir y mejorar la salud de los colombianos y obviamente a aumentar sus expectativas de vida.

Sin embargo, el aumento promedio de vida de los colombianos y el incremento de  la población mayor, tiene consecuencias económicas, sociales y en el costo de la salud de la población. Desde el punto de vista económico, al aumentar los años de vida promedio, sube el número de pensionados y, por supuesto, el costo de las pensiones vigentes.

En lo económico, dice el estudio “Misión Colombia Envejece” que, al aumentar el número de personas que de una u otra manera llegan a la edad en que no podrán ser productivas laboralmente, el país se enfrenta a una seria dificultad para garantizar su manutención. En la actualidad, el 43.8% de los adultos entre 60 y 69 años todavía trabaja y 18% de los micronegocios son propiedad de las personas mayores.

Ahora, en lo que tiene que ver con la salud, el costo económico y familiar, es muy alto. Con los años es inevitable que las llamadas Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) y las enfermedades mentales como la demencia y la depresión, aumenten y como consecuencia se incremente el costo de tratarlas y, sobre todo, de atenderlas y cuidarlas.

No es malo entonces, que el país envejezca y que la brecha entre la población jóven y la mayor se vaya estrechando; pero si es necesario que tanto el gobierno como la sociedad se preparen para enfrentar esta realidad, el primero fortaleciendo los sistemas de atención y apoyo a los mayores como los programas “Colombia Mayor” y “Beneficios Económicos Periódicos” (BEPS), y estimulando la participación de esta población en el mercado laboral y en la creación de microempresas; y la segunda, buscando salida a la llamada crisis del cuidado dada por el incremento de la demanda y la disminución de la oferta de cuidado al adulto mayor.

 

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