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miércoles, febrero 28, 2024

Una práctica perversa

Según una reciente información de prensa, las autoridades electorales de Dosquebradas anularon la inscripción de cuatro mil de las doce mil cédulas que se habían inscrito dentro de los términos de ley con el propósito de participar en las elecciones regionales del próximo 27 de octubre, lo que sencillamente significa la tercera parte.

Que una de cada tres personas que se inscriba resulte haciéndolo irregularmente, es algo que se sale de todos los estándares y de los márgenes de tolerancia que enseñan los registros estadísticos en esta materia y, además, que tiene que llamar la atención de las autoridades encargadas de garantizar la transparencia en el debate electoral.

No es lógico que en un municipio donde la participación electoral no es muy alta, cuatro mil personas resulten inscritas irregularmente o en zonas de votación que nada tienen que ver con la cercanía a su lugar de residencia o al sitio de trabajo, o que viven en otros municipios y supuestamente quieran votar esta vez en Dosquebradas.

La trashumancia electoral es una de las prácticas más usadas en los debates electorales y que más altera la real voluntad de los ciudadanos. Por la dificultad para detectarla muchas campañas recurran a ella para garantizar el número de votos que requieren para conseguir su elección o su curul.

Sin embargo, es un método perverso porque distorsiona completamente la voluntad de la mayoría de los ciudadanos de un municipio. Son personas que eligen un mandatario o unos concejales que no van a ser los suyos, porque en realidad no viven en ese lugar ni les importa las decisiones que tomen esas personas.

Lo peor de esto es que detrás de esta operación hay siempre una contrapartida económica. Son personas que van a otro lugar, inscriben su cédula y luego van a votar por determinado candidato, a cambio de una suma determinada de dinero o de un beneficio material determinado.

Es triste ver que un municipio que ha tenido que soportar en los últimos meses los estragos de una clase dirigente que resultó inferior a sus responsabilidades y a la confianza que le entregó mayoritariamente los ciudadanos, resulte ahora eligiendo, por cuenta de prácticas clientelistas como esta, a quienes realmente no interpretan la voluntad de la mayoría de los habitantes de Dosquebradas.

Esa localidad y por supuesto todos los municipios, necesitan hoy más que nunca de unos mandatarios y unos concejales que sean la expresión real de la democracia local y que interpreten de verdad el sentir de sus habitantes, y no la voluntad de unas personas que nada tienen que ver con el municipio y por lo tanto no les importa su suerte y su futuro.

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