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miércoles, febrero 28, 2024

Una obra fallida

Pues bien, antes de lo que se esperaba, como oportunamente lo anota el doctor Zuluaga Gómez, la publicitada obra dejó ver todas sus improvisaciones y problemas.

Primero fue el historiador Víctor Zuluaga Gómez y luego el director ejecutivo del Comité Intergremial, Jaime Cortés Díaz, ambos columnistas de este periódico, quienes, en sus respectivos espacios de opinión, llamaron la atención sobre los graves problemas de movilidad que está causando la recién inaugurada Glorieta de Corales.

Dicen ellos, con toda razón, que la obra construida, en vez de ser una solución al trancón que se formaba permanentemente en ese lugar por razón de la mini-glorieta que existía, se ha convertido en un problema de marca mayor especialmente para los vehículos que se mueven en sentido oriente-occidente.

Y refiriéndose al tema, el doctor Cortés Díaz recuerda las desoídas advertencias que oportunamente hizo el ingeniero Augusto Ramírez Barrera, en torno al proyecto anunciado en su momento por el alcalde Juan Pablo Gallo y con el cual se pretendía atender una sentida necesidad de movilidad de la ciudad.

En palabras sencillas, como lo recuerda el columnista, el doctor Ramírez Barrera decía que una solución como la que planteaba la administración Gallo era sencillamente botar la plata, porque un tráfico de semejante magnitud necesita mucho más que una obra diseñada de afán y pensando más en el presente, que en una ciudad que crece hacia ese sector a ritmos descomunales.

Todo esto con un agravante doloroso, así también lo anotan ambos columnistas, y es que la fallida glorieta, en la cual se hizo una inversión millonaria, es un proyecto que se adelantó a sabiendas de que era una solución inmediatista y que no atendería la verdadera necesidad de un cruce cada vez con más tráfico y más congestionado.

Pues bien, antes de lo que se esperaba, como bien lo dice el doctor Zuluaga Gómez, la publicitada obra dejó ver todas sus improvisaciones y problemas. Hoy tratar de acceder a la Glorieta de Corales para coger en cualquier dirección es casi tan difícil y lento como antes.

Sus graves problemas de diseño, sumados a la necesidad de acomodar la obra a las construcciones que ya existían, quizás uno de los más graves errores que se cometen en esta clase de obras, y al afán de bajar la inversión al mínimo, terminaron convirtiendo el proyecto en una “obrita” y en una pobre solución para un problema que cada día es mayor y se hace más evidente entre quienes circulan habitualmente por ese sector.

Todo esto, sin hablar de la imprevisión que se cometió con un montallantas que las administraciones por años toleraron que funcionara sobre la vía pública y con el que hubo que adelantar un largo proceso jurídico para poderlo retirar del lugar, no sin antes pagarle una cuantiosa cifra por las supuestas mejoras; lo que retrasó y encareció más la obra.

Da pesar, pues, que en la ciudad se sigan haciendo “obritas” para salir del paso, o lo que es más doloroso para satisfacer la vanidad de los gobernantes y elevar su recordación entre los ciudadanos, en vez de proyectar y ejecutar verdaderas obras que la transformen y tengan no solo permanencia en el tiempo, sino un gran efecto en su desarrollo físico y urbano.

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