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jueves, julio 25, 2024

Una nueva tragedia

¿Qué hacía, es necesario preguntar, en ese lugar, una zona de viviendas y de densa población, un “marciano” lleno de Gas Licuado del Petróleo?
La tragedia volvió el martes pasado a tocar las puertas de la comunidad que vive en los barrios aledaños al río Otún. Esta vez tres personas perdieron la vida y otras nueve resultaron con quemaduras graves producto de la explosión de un cilindro de Gas Licuado del Petróleo que era transportado en una camabaja.
Al parecer una fuga que se presentó en el recipiente de GLP, género, al contacto con alguna chispa, la explosión y el incendio que terminó por producir el doloroso balance humano que han entregado las autoridades y por lo menos una decena de viviendas gravemente afectadas por las llamas incluido todo que había adentro.
Según los relatos de las personas que habitaban las viviendas que quedaron prácticamente desaparecidas por el efecto de las llamas, los momentos que se vivieron fueron dramáticos no solo por el desespero que produjo la explosion y la rápida propagación de las llamas, sino por la impotencia para atender los quemados, muchos de ellos con quemaduras de tercer grado.
El martes no fue la naturaleza, como ha ocurrido en los últimos años, la que golpeó una zona ribereña del río Otún y afectó a las viviendas que hay construidas a lado y lado del río, dejando víctimas mortales, cientos de damnificados y pérdidas materiales millonarias; sino el descuido y la negligencia del hombre la que causó la tragedia.
¿Qué hacía, es necesario preguntar, en ese lugar, una zona de viviendas y de densa población, un “marciano” lleno de Gas Licuado del Petróleo? ¿Por qué estaba estacionado en área pública el vehículo que lo transportaba sin las necesarias medidas de protección? y también ¿si el responsable de la camabaja sabía que el cilindro tenía un escape de gas?
Por supuesto, las respuestas a estos interrogantes no van a devolverle la vida a las tres personas fallecidas, ni le van a aliviar los dolores a los quemados y las angustias a sus familiares, y mucho menos van a devolver las vivienda y sus enseres a quienes todo lo perdieron; pero sí ayudan a saber lo que sucedió y quién es el responsable de semejante descuido.
Y sobre todo, ayuda a que una situación similar no se vuelva a presentar y a que las autoridades estén más atentas a vigilar y a poner en alerta la presencia de un elemento peligroso en una zona residencial, y, por supuesto, a tomar las medidas necesarias para evitar una tragedia como la del martes.
Mientras tanto, ojalá las autoridades le brinden todo el apoyo físico y sicológico a las personas y familias que perdieron seres queridos y todos sus enseres en la exploaión y el incendio de esta semana. Ellos necesitan en ese momento la mano oportuna y generosa de la administración para paliar un poco la angustia y el dolor de la tragedia.

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