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miércoles, diciembre 7, 2022

Una medida que no se cumple

Hoy, menos de un mes después de la emergencia, ya la 30 de Agosto y la Avenida Sur están mostrando los rigores de un tráfico que sobrepasa las condiciones técnicas de estas calzadas.

Se está cumpliendo un mes desde el nuevo derrumbamiento en la ladera posterior del Aeropuerto Matecaña y que da a la llamada variante La Romelia-El Pollo, cuando decenas de miles de metros cúbicos de tierra y de escombros de las viviendas, por fortuna que habían sido desalojadas hace unos meses, se vinieron abajo tapando la calzada y dejando sin servicio la importante vía.

Desde entonces, todo el pesado tráfico que se mueve entre el occidente y el norte del país, y que tiene como única opción la vía suspendida, ha tenido que buscar las calles y avenidas de Pereira y Dosquebradas para seguir su camino y no paralizar la industria, el comercio y las importaciones y exportaciones del país, ni poner en riesgo su economía.

Ante esta realidad y la pésima experiencia vivida hace un año cuando un derrumbe similar obligó igualmente al tráfico a meterse al centro de las dos ciudades, las autoridades prohibieron el ingreso de los camiones y tractomulas, y dispusieron que debían utilizar la vía Condina hasta “Punto 30” y luego la tradicional vía de ingreso a Pereira por el Terminal de Transportes.

Sin embargo, en la práctica de muy poco ha servido la medida. Quien se pare por unos minutos en El Viajero o en cualquier sitio de la Avenida Sur, podrá ver fácilmente que muy pocos conductores están acatando la norma y que las principales vías de la ciudad están llenas de aquellos vehículos que están obligados a tomar las rutas señaladas en la directiva metropolitana.

Todo esto en medio del doloroso y acelerado deterioro de las dos únicas calzadas de ingreso que tiene la ciudad. Hoy, menos de un mes después de producirse la emergencia en la variante La Romelia-El Pollo, ya la 30 de Agosto y la Avenida Sur están mostrando los rigores de un tráfico que sobre pasa la capacidad, la resistencia y las condiciones técnicas de estas cazadas.

Se dirá que las autoridades de tránsito han asignado unos guardas para que, localizados en ciertos puntos, desvíen todo el tráfico pesado hacia las vías asignadas para atender la emergencia. Y es cierto; sin embargo, esto no está funcionando, primero porque la presencia de los guardas en los sitios críticos no es las 24 horas del día; segundo, porque uno, o cuando mucho dos uniformados, no es suficiente para orientar, atender las consultas y evitar que los vehículos pesados se metan al centro de la Ciudad; y tercero, porque los conductores son incultos y los agentes no tienen las herramientas con que hacer cumplir las normas.

Es urgente, pues, que las autoridades de tránsito revisen las estrategias que se están empleando y tomen las medidas que sean necesarias para evitar que los vehículos pesados que van de paso hacia otras ciudades, se sigan metiendo al centro y destruyendo el pavimento de las únicas vías de ingreso y salida que tiene la ciudad.

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