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Pereira
viernes, agosto 12, 2022

Una mala señal

El pasado anterior, los colaboradores de la Iglesia San José fueron atracados por un sujeto que haciendo uso de una arma los amenazó dentro de la iglesia cuando recogían la tradicional ofrenda que hacen los fieles, obligándolos a entregarle todo el dinero recogido.

Lo más grave de este preocupante hecho es que ocurrió dentro de una iglesia localizada en uno de los sectores más exclusivos y concurridos de la Ciudad, a una hora, las ocho de la mañana, en que se cree los delincuentes no han iniciado su actividad delictiva y mientras se celebraba la Santa Misa.

¿A dónde ha llegado, por Dios, la inseguridad en la ciudad? Ya no hay absolutamente ningún sitio donde el ciudadano pueda estar a salvo de la acción de los delincuentes. Ni siquiera las iglesias escapan a los ladrones y atracadores, ni esos sitios sagrados están por fuera del accionar de los delincuentes.

Ya no son las calles más céntricas y concurridas de la ciudad propicias para el raponeo, ni los repletos articulados del Megabus perfectos para el cosquilleo, ni las llamativas avenidas como La Circunvalar por donde los ancianos y las mujeres son presa fácil de los atracadores, los campos preferidos de los delincuentes; sino los lugares poco vigilados, pero supuestamente seguros, como las iglesias.

Si esta es la antesala de la navidad, de la época del comercio y de las compras, de los días que la ciudad se llena de turistas y visitantes, del pago de la prima y las bonificaciones, qué esperanzas cuando todo suceda y Pereira sea un hervidero de gente y se sienta y se note el movimiento de dinero.

Nada más importante para una ciudad que aspira a recibir un número significativo de turistas, a que gente de todas las poblaciones vecinas vengan a hacer sus compras de navidad, a que el lindo alumbrado sea visitado por muchas familias de la región; que haya seguridad, que se sienta un ambiente de tranquilidad, que los habitantes puedan caminar y recorrer los sitios más llamativos sin que les pase nada.

Por supuesto, la inseguridad en la ciudad no se puede medir por el simple robo de la ofrenda durante una eucaristía en una iglesia, pero no hay duda de que este hecho envía una peligrosa señal de intranquilidad de Pereira y toda el área metropolitana, y una pésima imagen de ciudad no recomendable para visitarla.

La delincuencia es atrevida, es imaginativa y es recursiva, y la Policia y las autoridades tienen que ser eso y mucho más e ir adelante con sus acciones para evitar que la buena imagen de ciudad amable, acogedora y tranquila la dañen unos cuantos hechos delictivos que esombrecen la sensación de seguridad de cualquier ciudad.

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