Una lástima

El alcalde Carlos Alberto Maya dijo hace unos días que en la ciudad habría alumbrado navideño, pero limitado a un inmenso árbol en la Plaza de Bolívar y a algunos adornos en ciertos puntos específicos; pero que en general no habría celebraciones navideñas, ni el acostumbrado alumbrado que engalana y alegra tanto la ciudad e invita a cientos de turistas, y mucho menos programación de las novenas en los sectores populares.

Claro que hay varias actividades de las que tradicionalmente se realizan en esta época del año, como las novenas en los barrios y las presentaciones en ciertos sitios públicos, que pueden ser un riesgo para los ciudadanos; pero hay otras, como el alumbrado navideño y la prendida de las velitas el siete de diciembre, que bien se pueden hacer en las condiciones actuales y que no solo adornan y embellecen la ciudad, sino que la hacen atractiva para los visitantes y turistas.

Medellín, acaba, por ejemplo, de anunciar el encendido de su conocida iluminación de diciembre y ha dicho que, a pesar de las circunstancias, la han preparado con las mismas dimensiones y la misma calidad que los años anteriores, y está invitando a todos los colombianos a visitarla y a disfrutar de ese espectáculo tan lindo que es su alumbrado, obviamente garantizando todas las medidas de bioseguridad que tienen establecido las autoridades de salud.

El alumbrado de diciembre es, no hay duda, un atractivo turístico muy importante. Miles de colombianos van a Medellín, especialmente los días en que se encienden las luces, a apreciar y disfrutar de un espectáculo extraordinario, que tiene un gran renombre nacional y que le reporta a la entidad que lo organiza y al propio Municipio, unos ingresos gigantescos.

Y esto se puede hacer sin que implique aglomeraciones, o reuniones masivas que pongan en peligro la salud de los habitantes y visitantes. En diciembre hay actividades que en el pasado se han hecho y que hoy no es posible hacerlas por los riesgos que implican; pero engalanar la ciudad con adornos luminosos por todas partes, así como encender los faroles y las luces el siete de diciembre, no pone en riesgo la salud de los pereiranos y en cambio si atrae turistas y visitantes que, entre otras cosas, tanto están haciendo falta para ayudar a empujar la reactivación de la economía.

Es una lástima, que una actividad sana y tan bonita haya sido clausurada por la Administración Municipal, privando a los pereiranos de una manifestación tan propia de esta época del año y que alegra tanto los corazones de los habitantes, y a la ciudad de poder recibir un buen número de visitantes y turistas que le traen ingresos al comercio y a muchas familias pereiranas.