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Pereira
viernes, octubre 7, 2022

Una jornada de terror

Aunque en Pereira y su área metropolitana el paro nacional convocado por las centrales obreras y otras organizaciones comunitarias en oposición al gobierno del presidente Duque, y que se realizó en todo el país el pasado miércoles, no fue tan violento ni dejó tantos destrozos como en otras partes, si causó daños en las estaciones del Megabus, en varios establecimientos comerciales y en algunos CAI.

Adicionalmente la movilidad de la ciudad se vio seriamente afectada y los ciudadanos tuvieron dificultades para ir de sus viviendas al lugar de trabajo y viceversa, y para movilizarse de un lugar a otro, y el comercio y otras actividades como la financiera e institucional tuvieron limitaciones para prestar su servicio.

De todas maneras, nunca fue comparable con lo sucedido en otras ciudades del país. En Cali, por ejemplo, la jornada de protesta se convirtió en una asonada contra la vida de la ciudad y cosa parecida ocurrió en Bogotá, Medellín, Neiva, Popayán y Bucaramanga. Allí la turba la emprendió contra los establecimientos de comercio, contra los bancos, contra los supermercados y contra los sistemas de transporte; saqueó los almacenes, atacó edificios, destruyó vitrinas, tumbó postes, destrozó cámaras y quemó vehículos.

Fue una verdadera jornada de terror que nada tuvo que ver con la marcha de protesta pacífica que anunciaron y defendieron sus promotores para manifestar su inconformidad con el proyecto de reforma tributaria presentado por el Gobierno al Congreso, con las medidas de toque de queda tomadas para tratar de mermarle velocidad al contagio y de cierre de algunas actividades que pueden ser multiplicadores del Covid.

Qué manera de expresar su desacuerdo con las decisiones del gobierno o de descalificar la forma de gobernar, es esta de arrasar con todo lo que se encuentran a su paso, de saquear los negocios de pequeños comerciantes que hacen lo inimaginable para mantenerlos abiertos y para ganar lo necesario para vivir, o de destruir los bienes que son útiles para la ciudad y que están al servicio de la comunidad.

Que dirán hoy los organizadores de la protesta, los que prometieron una jornada organizada y pacífica, sin muertos ni heridos, sin actos de vandalismo ni saqueo, sin rostros cubiertos y sin armas en la mano, y sin delincuentes infiltrados con el único ánimo de subvertir el orden público, de destruir y de generar el caos.

Solo queda por conocerse, para completar el oscuro balance de una jornada que no era el momento de realizarse, el número de contagios y de personas que harán cola en las UCI ya no con palos y garrotes en la mano, sino con la vida pendiendo de un hilo, producto de un día de amontonamiento, de cercana interrelación y de cero medidas de bioseguridad.

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