Una falta de grandeza

Si la vanidad humana hubiera impedido tener ese gesto de gallardía con sus antecesores, al menos se debió omitir la referencia al porcentaje en que estaba cuando empezó el gobierno.

La alegría nacional por la inauguración, el pasado sábado, del Túnel de la Línea, tal vez la obra más importante que se haya realizado en el país en las últimas décadas, se ha visto opacada por la falta de grandeza del actual gobierno para aceptar que ella ha sido el producto del esfuerzo de muchas administraciones y reconocer lo que se avanzó en su construcción en los gobiernos anteriores.

Lejos de quitarle méritos, hubiera engrandecido al presidente Duque, si el viernes que cortó la cinta que le daba paso por la nueva obra, al tráfico entre el Occidente y el Centro del país, hubieran estado presentes, o al menos hubieran sido invitados, los presidentes Santos, Uribe y Pastrana, y el vicepresidente Vargas, quienes, es imposible negarlo, le dieron un impulso definitivo al proyecto y gracias a ellos hoy el país puede estar celebrando la gigantesca obra.

Ahora, si la vanidad humana hubiera impedido tener ese gesto de gallardía con sus antecesores, se debió, por lo menos, haber omitido la referencia del porcentaje en que estaba la obra cuando se asumió el gobierno. No tenía sentido, distinto a tratar de abrogarse la autoría de obra, decir que en agosto del 2018 el avance del túnel era del 56% y que, gracias a su buena gestión, ahora se estaba entregando completamente terminado.

Bien pudieron el Presidente y su Ministra de Transporte celebrar la entrega del túnel sin necesidad de mencionar el estado en que recibieron la obra, primero porque todos los documentos e informes conocidos indican que para agosto de 2018 la construcción iba muchos más avanzada y segundo, porque si bien el mismo sábado se dio paso por el túnel, todavía falta más del 10% del proyecto total y apenas, si todo sale bien, a mediados del año entrante se concluirán los trabajos.

Y este comportamiento ególatra y, para muchos, fastidioso, no es exclusivo del actual Gobierno nacional. En nuestra ciudad acaba de ocurrir una cosa parecida con la inauguración del Aeropuerto Matecaña. Detrás de esta monumental obra hay muchas personas y no pocos mandatarios y entidades que ni siquiera fueron invitados a la inauguración y mucho menos mencionados en los discursos y declaraciones del alcalde Maya y del actual gerente de la entidad.

Si bien al actual mandatario le correspondió en suerte cortar la cinta de tal vez la obra más sentida para la ciudad, ella se le debe a muchas personas que, primero maduraron la idea; segundo, se dieron la pela al adoptar la figura de la Asociación Público Privada; tercero, firmaron el contrato con una empresa que generaba inmensas inquietudes; y cuarto, hicieron grandes gestiones para conseguir los recursos que permitieran no solo la modernización del lado tierra, sino de la pista y del lado aire.

La humildad y grandeza de alma no parecen, pues, ser las mayores virtudes de nuestros gobernantes. Pero, de un lado el pueblo no es del todo bobo y del otro, una omisión como esta no garantiza que no lleguen otros gobiernos más “avispados” y, con cualquier disculpa, vuelvan a inaugurar estas obras y a reclamar para si su autoría.

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