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domingo, junio 26, 2022

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Esta semana la Administración Municipal cerró con vallas metálicas buena parte de las vías aledañas al Estadio Hernán Ramírez Villegas con el propósito de prevenir una posible agresión de algunos integrantes de las llamadas barras bravas del Deportivo Pereira a sus jugadores, a la salida del partido que el equipo disputó con el Independiente Medellín.

Claro que está bien que se quiera proteger a los habitantes del sector del Estadio y de los barrios cercanos, de los desmanes y excesos que puedan cometer aquellas personas que piensan que en la violencia y el desorden está la manera de expresar su inconformidad con el desempeño de los jugadores, o del cuerpo técnico, o con el manejo de los directivos del equipo; lo que si no está bien es que con las medidas preventivas que tomen las autoridades se aísle y perjudique a todo un sector de la ciudad.

El martes las personas que viven en barrios como Gamma, Olímpico, La Villa y Belmonte, no pudieron llegar a sus casas sino hasta bien tarde de la noche, porque las vallas que instalaron las autoridades para impedir el paso de motos y vehículos por sus calles, y la realización de cualquier acto de vandalismo; no se lo permitían.

Y los perjudicados no solamente fueron las personas que regresaban a sus hogares y no lo pudieron hacer por el bloqueo de las vías que habían hecho las autoridades, sino todo el comercio y los negocios que funcionan en estos barrios y que obviamente no pudieron recibir sus habituales visitantes y compradores.

El sector está lleno de almacenes, de tiendas, de misceláneas, de pequeños supermercados, de ventas de servicios y también de oficinas de multitud de profesiones y actividades que tuvieron que cerrar sus pertas ante el cierre de las vías y la imposibilidad de ejercer cualquier actividad.

Una jauría de salvajes, por grande que sea y menos si se trata, como lo refieren los testigos de los hechos, de no más de un par de centenares de vándalos, no puede ser causa para encerrar a todo un sector de la ciudad e impedir que sus moradores puedan circular libremente y llegar a sus hogares o a los establecimientos de comercio del lugar, sin ningún problema.

Las autoridades y la Policía tienen que tener la capacidad y los mecanismos con que preservar el orden y garantizar la seguridad de los ciudadanos en cualquier lugar de la ciudad y bajo cualquier circunstancia, sin necesidad de asilar a la población de quienes quieran alterar el orden púbico y causar daño a las personas o a sus bienes, y sin producir el enorme trancón y congestión que causaron el martes pasado en el sector de Estadio Hernán Ramírez y en sus alrededores.

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