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domingo, mayo 26, 2024

Una bofetada

No puede ser más desestimulante para los policías del país, que la prohibición de volver a usar el tradicional eslogan que con tanto orgullo y por tantos años, llevaron.

Durante muchos años la cúpula de la Policía Nacional insistió en inculcar en la mente de los colombianos jóvenes que “es un honor ser policía”. En todos los documentos, en los mensajes públicos, en los uniformes, en la papelería y, sobre todo, en los actos oficiales, desde el Director General hasta los Comandantes de Departamento, Metropolitanos y de Distrito, recalcaron que ser policía es un honor.

Bastaba asistir a cualquiera de los tantos actos oficiales que la Policía hace todos los días con asistencia de todos sus miembros, o conversar con cualquiera de ellos, para apreciar que en la mente y el corazón de cada uno de los uniformados estaba esa frase presente y que para todos, empezando por los de más alto rango y terminando en los agentes rasos, ser policía es un honor que se muestra con orgullo.

La pregunta es entonces, ¿qué ha sucedido que, de acuerdo con la directriz escrita enviada por la Coronel Andrea Carolina Cáceres Naranjo directora de Talento Humano de la Policía Nacional a todos los Jefes de Área, de Grupo y de Oficinas Asesoras, hoy ese sentimiento no solo no podrá volver a exteriorizar, sino que se le prohíbe a todo el personal de la Policía utilizar en los documentos, en los uniformes, en las presentaciones y en todos los mensajes el eslogan “Es un honor ser policía”?.

¿Por qué de un día para otro lo que era un orgullo, se ha convertido casi que en una vergüenza? ¿Por qué arrancar hasta del uniforme un mensaje que era ya un eslogan de la Policìa y que le recordaba a los colombianos del común el honor que significaba llevar la responsabilidad de velar por la vida, la honra y los bienes de los colombianos?

Salvo que haya una razón insalvable, que no parece existir, esta es una bofetada al ánimo de los policías ya suficientemente lastimado con la barrida masiva y periódica en la cúpula de la Institución y con la prohibición a los policías de poderse defender de los ataques salvajes de la llamada primera línea y de los vándalos y delincuentes durante las asonadas que se han puesto de moda en las ciudades por cuenta de la bendición y protección que desde la presidencia de República le viene dado.

Qué podrán estar pensando unos policías a quienes un día el propio comandante en jefe de las Fuerzas Militares, los señala de corruptos y de dejarse comprar por los dueños de las “ollas” que manejan el microtráfico en los barrios de las ciudades y al día siguientes les ordenan no volver a pronunciar que es un orgullo ser policía.

No puede ser más desconcertante ni más desestimulante para los policías del país y para sus familias, que la prohibición venida de la cúpula de la Policía a todos sus miembros de en adelante volver a usar el tradicional eslogan que con tanto orgullo y por tantos años llevaron entre muchas otras cosas, en todos los mensajes, en los documentos, en las presentaciones y en los uniformes.

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