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miércoles, noviembre 30, 2022

Una alegría incompleta

Con el partido celebrado en Barranquilla el pasado martes, entre el Junior de esa ciudad y el América de Cali, regresó el fútbol profesional a las canchas del país. Fue un acontecimiento esperado por una afición que durante más de seis meses estuvo privada de las emociones que produce este deporte y de las alegrías y tristezas que dejan cada partido.

Sin embargo, este hecho, y seguramente todos los siguen en cumplimiento de la programación aprobada por los equipos colombianos, estuvo ausente de un ingrediente que hace parte ya de la propia esencia del fútbol y que inclusive se ha convertido en un actor importante, y es el público.

Por razón de la decisión oficial tomada para prevenir el riesgo del contagio del coronavirus que azota al mundo y garantizar la salud tanto de los integrantes de los equipos de fútbol como de los aficionados, los partidos en el país se jugaran a puerta cerrada hasta tanto, según lo han dicho las autoridades de salud, las condiciones no cambien y el peligro de transmisión de la enfermedad desaparezca completamente.

Por supuesto, es un avance que los equipos hayan regresado a los entrenamientos y podido, con todas las medidas de bioseguridad impartidas por las autoridades, reiniciar los partidos oficiales del campeonato profesional que estaba suspendido; pero definitivamente no es lo mismo jugarlos con un estadio lleno de aficionados apoyando a los equipos, gritando, cantando, y celebrando los goles, que con uno completamente vacío.

La sensación que deja un partido sin público es como de si no hubiera balón, o como si el encuentro que se juaga no fuera en serio o no contara para las sumas y restas del torneo profesional, o simplemente como si no valiera la pena la entrega y el esfuerzo de los jugadores dentro de la cancha, porque no hay a quien ofrecerle los goles y los triunfos.   

La propia percepción que producen unas tribunas completamente vacías y el natural silencio total, tiene que afectar el ánimo de los jugadores y restarles mucho del interés por hacer una buena presentación y dejarlo, como los dicen las personas involucradas en el tema futbolístico, todo en la cancha.

El regreso, pues, del fútbol profesional a los estadios del país, pero a puerta cerrada, es una alegría muy incompleta y, si se quiere, una frustración para una afición que está ávida de emociones deportivas y acostumbrada a respirar fútbol y a saborear personalmente los triunfos y sufrir las derrotas de su equipo del alma.

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