Lo que no resulta comprensible es que, transcurrido más de un mes, una parte tan significativa de la red de semáforos continúe sin funcionar, sin que haya una respuesta clara.
A los escombros por todas partes, las edificaciones en demolición, las calles cerradas y el movimiento permanente de maquinaria pesada y volquetas por las principales vías, Pereira agrega ahora un problema que está agravando todo este caos, cerca del 50% de la red de semáforos continúa fuera de servicio.
La situación es particularmente preocupante porque la ciudad necesita hoy, más que nunca, contar con una adecuada circulación del tránsito. Hay vías parcialmente cerradas, corredores congestionados, vehículos de emergencia, maquinaria trabajando y enormes cantidades de materiales que deben ser retirados de las zonas afectadas.
En estas circunstancias, un semáforo apagado no es simplemente un elemento urbano que dejó de funcionar. Es un factor adicional de desorden y de riesgo para conductores, motociclistas, ciclistas y peatones, precisamente cuando las condiciones de movilidad exigen mayor organización, prudencia y control.
El problema se hace todavía más grave por la incultura ciudadana que, lamentablemente, se observa en algunas calles. Muchos conductores parecen interpretar un semáforo fuera de servicio como una autorización para avanzar sin consideración por los demás. El resultado son maniobras peligrosas, bloqueos, discusiones y una circulación cada vez más difícil.
A esto se suma la insuficiente presencia de los agentes de tránsito en los puntos críticos. Cuando la señalización automática no funciona, corresponde a la autoridad asumir temporalmente esa tarea y garantizar que los cruces tengan una regulación adecuada. No hacerlo deja a los ciudadanos prácticamente librados a su propia suerte.
Es comprensible que una emergencia de las dimensiones de la sufrida por Pereira haya afectado buena parte de la infraestructura de movilidad. Lo que no resulta comprensible es que, transcurrido más de un mes, una parte tan significativa de la red de semáforos continúe sin funcionar, sin que la ciudadanía tenga una solución clara y pronta.
La administración municipal debe considerar la recuperación de los semáforos como una prioridad inmediata. No se trata de una obra secundaria ni de un asunto que pueda esperar a que avance la reconstrucción. Es un servicio esencial para preservar la seguridad y mantener el orden en una ciudad que atraviesa una situación excepcional.
Pereira necesita reconstruirse, pero también necesita funcionar. Y para funcionar requiere calles despejadas, autoridades presentes, ciudadanos responsables y una infraestructura de tránsito operativa. Restablecer cuanto antes la red de semáforos será una contribución concreta para recuperar la normalidad y reducir los riesgos que hoy enfrentan todos los pereiranos.
En medio de esta emergencia, las autoridades tienen que actuar con prontitud y eficacia. Cada semáforo que vuelva a funcionar será un pequeño paso importante hacia una ciudad más ordenada, más segura y que camina con certeza hacia la normalidad. La reconstrucción también significa recuperar esos servicios cotidianos que hacen posible la vida urbana.