Un problema de control

Es un problema solo, primero de control para verificar el cumplimiento de las medidas tomadas, y segundo, de malicia para imaginar que no todos las acatan.

Mientras las autoridades de salud confirmaban el sábado que 292 personas adquirieron el virus en el Departamento y que nueve pacientes más perdieron la batalla contra la enfermedad, y mientras también el alcalde Maya cerraba la Plaza de Bolívar y los parques más concurridos y aplazaba la autorización de apertura de los bares, discotecas y sitios donde se baila y consume licor; el fin de semana muchos de los principales sitios de “rumba” de la ciudad estaban repletos de gente como si no estuviera pasando nada.

Qué sentido tiene cerrar las plazas y parques, medida que entre otras cosas en la práctica ha dejado muchas dudas, y mantener las limitaciones a algunas actividades consideradas de alto riesgo de contagio, si las autoridades no tienen la capacidad de hacerlas cumplir y en lo que termina esto es en el hazmerreir de todo el mundo.

Cómo es posible que ante semejante escalda de contagios y con las clínicas y hospitales a reventar por causa de crecimiento incontrolado de la enfermedad; no haya un plan bien articulado con la Policía para controlar a quienes están empeñados en poner sus intereses económicos, por encima de la salud de los pereiranos y risaraldenses.

Ya se conoce la habitual indisciplina de la gente y su resistencia a acatar las normas dictadas por las autoridades para enfrentar cualquier situación especial o atender una emergencia; por eso, era apenas lógico que, acompañado de las medidas, se hubiera diseñado una estrategia para detectar a los desobedientes y aplicarles todo el rigor de la ley.

No parece difícil que conociendo el Gobierno Municipal el registro de todos los bares y discotecas de la ciudad, se haga una ronda, especialmente los viernes y sábados, por todos estos sitios y se verifique si no solo mantienen sus puertas cerradas, sino si realmente están acatando la prohibición de abrir y funcionar al público. Es un problema solo, primero de verdadera vigilancia y control para verificar el cumplimiento de las medidas tomadas, y segundo, de malicia para imaginar que no todos lo acatan y de interés en atender las denuncias que, por los teléfonos dispuestos para este efecto, llegan todos los días.

No puede ser que mientras a cientos de negocios pequeños, que en realidad no ofrecen mucho riesgo de contagio, no se les esté permitiendo funcionar porque no tienen las posibilidades económicas de disponer de todas las medidas de bioseguridad que exige el Gobierno, a las verdaderas fuentes de riesgo de multiplicación del virus, como son los bares y discotecas, se les permite operar casi que a los ojos de todos.

Por supuesto, pues, que los ciudadanos tienen que entender que el virus está, que es de verdad, que no se ha ido ni ha mermado su agresividad y que mata; pero es responsabilidad de las autoridades poner orden y garantizar que las normas que se han dictado precisamente para proteger a la población y evitar el crecimiento del contagio, se cumplan.