Un perjuicio inmenso

Aunque no se conoció en que consistió el acuerdo con los trasportadores para permitir la distribución de los combustibles a las estaciones de servicio de los departamentos del Eje Cafetero y el norte del Valle, y para que estas a la vez puedan atender de manera normal la demanda de los miles de vehículos que circulan en el Departamento; esta es una gestión que acaba con un problema que se había vuelto irresistible y le devuelve la vida económica a toda una región.

Por más de diez días la ciudad y la región sufrieron la parálisis casi absoluta de todas sus actividades por cuenta del desabastecimiento de combustible en las estaciones de servicio. Cientos de camiones bloquearon la salida de los carros tanques que surten las bombas de gasolina impidiendo que los vehículos pudieran tanquear y prestar el servicio que regularmente cumplen, todo como una expresión de apoyo al paro nacional que se cumple en todo el país y que fue decretado por varias organizaciones sociales, culturales, estudiantiles y sindicales en protesta por algunas decisiones del Gobierno Nacional.

Todo esto llevó a que rápidamente se agotara el combustible en la región, a que el transporte público no pudiera prestar su servicio, a que decenas de empresas no pudieran seguir operando, a que miles de domicilios no pudieran trabajar, a que la gente no pudiera ir al trabajo y a que las familias se tuvieran que quedar en sus casas ante la imposibilidad de movilizarse.

Y ni que hablar de actividades vitales para las ciudades como los servicios de salud, la atención de emergencias, el transporte escolar, la operación de barrido y recolección de basura, el mantenimiento de las redes de energía, la atención de los problemas en el suministro de agua potable a la población, la distribución de alimentos y la movilización de enfermos, y que tampoco pudieron cumplirse por falta de combustible. 

Fueron casi dos semanas en las que muchas empresas y muchos negocios tuvieron que cerrar sus puertas o suspender temporalmente sus actividades porque sus empleados no pudieron concurrir a trabajar, o porque no tenían materias primas para sus procesos de producción, o porque sus productos no podían ser distribuidos, o simplemente porque la gente no podía utilizar sus servicios.

Nadie sabe el daño que la irracional decisión de impedir la normal distribución y venta de combustible en la ciudad y la región, le causó a su ya debilitada economía, ni cuántos perjuicios sufrieron quienes por la falta de movilidad no recibieron atención médica oportuna, o perdieron sus productos; ni cuánto perdieron quienes dependen exclusivamente de la gasolina para poder trabajar; ni cuánto perdió la ciudad con esta parálisis absoluta; solo el tiempo mostrará sus consecuencias.

Compartir