Un merecido homenaje

No hay, con seguridad, ninguna obra ni ningún proyecto que se haya desarrollado en Santa Rosa, el cual no haya contado con el sabio consejo y el oportuno aliento del doctor Ortega.

El doctor José Ramón Ortega es uno de esos raros exponentes que da la tierra y que tanto necesitan las regiones para construir anhelos, para impulsar proyectos, para zanjar diferencias y conseguir consensos, para trabajar por el bien común y para defender los intereses de todos.

Discreto, sencillo, humilde, ponderado y sabio en su actuar y en el decidir, el doctor Ortega se ha dedicado toda su vida a servirle desinteresadamente al Departamento y a su natal Santa Rosa de Cabal. En una y otra parte ha ocupado las más altas posiciones y los más delicados encargos, no porque los haya ambicionado y perseguido, sino porque sus conciudadanos y en ocasiones su partido, lo han llamado a que preste su inteligencia y su concurso desde estas posiciones.

Concejal de Santa Rosa de Cabal, Juez de la República, Alcalde de su municipio, Presidente de la Cámara de Comercio de Santa Rosa, miembro de todas las juntas de esa ciudad, Presidente de la Sociedad Bolivariana, Representante a la Cámara y Gobernador del Departamento, son algunas de las muchas posiciones que ha ocupado el ilustre santarrosano en su ya largo periplo vital.

No hay, con absoluta seguridad, ninguna obra ni ningún proyecto que se haya desarrollado o se haya planteado en Santa Rosa de Cabal, al cual no haya estado vinculado, o no haya contado con el sabio consejo y el oportuno aliento del exgobernador Ortega. Siempre ha estado atento a ofrecer su concurso, su opinión juiciosa y su valioso aporte en todo lo que signifique avance para su ciudad y su departamento.

En el campo departamental, como congresista, el doctor Ortega fue un férreo defensor de los proyectos regionales y un vocero auténtico de los intereses departamentales ante el Gobierno Nacional; y como gobernador un hombre ponderado en sus decisiones, pulcro en el manejo de los dineros oficiales, parco en el gasto público y equitativo con los municipios en la inversión de los pocos recursos del Departamento.

Por eso, nada más merecido y oportuno que la decisión del gobernador Víctor Manuel Tamayo de colgar sobre la solapa de este destacado dirigente risaraldense la máxima condecoración que el Departamento tiene reservado para sus más valiosos dirigentes y para quienes le hayan hecho un verdadero aporte a la región.

Estamos seguros de que no fue fácil conseguir que el doctor Ortega aceptara este justo reconocimiento, pero con él Risaralda salda una vieja deuda pendiente con uno de sus mejores y más nobles hijos. Para él, para su esposa Consuelo Arias y para sus hijos Isabel Cristina, Juan Carlos, Gustavo Adolfo y Ana Milena, nuestras voces sinceras de felicitación.

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