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jueves, octubre 6, 2022

Un factor de desestímulo

La nueva Ministra de Trabajo desde antes de posesionarse anunció la presentación de un proyecto de ley para modificar la Ley 789 de 2002, en el sentido de establecer que la jornada nocturna, para efecto de los recargos, ya no empezará a las nueve de la noche como es hoy, sino a las seis de la tarde.

Curiosamente, de manera simultánea y no se sabe si para congraciarse con el nuevo Gobierno o para intentar recoger políticamente a un sector importante de la población que labora parte de su jornada en las horas de la noche, un grupo de congresistas liberales, radicó en la secretaria del Congreso un proyecto que, además de recoger la propuesta de la ministra Ramírez, le añade que el trabajo dominical y festivo, se pagarán ya no con el 75% de recargo como ocurre hoy, sino con el 100%.

Por supuesto que ambas propuestas son cantos de sirena para una franja de la población que tiene, por razón de la productividad de las empresas donde laboran, una jornada laboral extendida; pero, la iniciativa no tienen la misma buena acogida entre el sector empresarial del país.

Ampliar en tres horas la manera como se contabiliza la jornada nocturna en la legislación colombiana, significa encarecer los costos de producción de las empresas y al final de cuentas, de sus productos, porque es sabido que ese mayor costo, el productor se lo traslada al consumidor quien, en último término, es el que termina pagando el mayor valor de producir el bien. Ya el Presidente de Fenalco estimó en un 30% el costo adicional del producir cualquier artículo bajo las nuevas condiciones laborales.

Ninguna empresa, después de dos años de pandemia, de protestas sociales, de bloqueos, de una crisis mundial de materias primas, de altos costos de importación, de  tasas de interés desbordadas y de una inflación incontrolable, es capaz de absorber, sin tener que aumentar los precios de los productos, un ajuste como el anunciado en la forma de liquidar la jornada laboral de sus trabajadores.

Y quien, por razón de la inelasticidad del precio del bien o por el tipo de producto, no pueda trasladar el mayor costo de producción a lo que fabrica, lo que terminará necesariamente haciendo es recortar el número de trabajadores, con el consecuente crecimiento del desempleo en el país. Lo que pareciera, pues, ser una iniciativa para beneficiar a los trabajadores que cumplen jornadas irregulares, puede terminar siendo, por un lado un factor de desestímulo a la generación de nuevos puestos de trabajo y seguramente de aumento del desempleo, y por otro lado, un multiplicador del Costo de Vida de los colombianos.

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