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Pereira
lunes, septiembre 26, 2022

Un esfuerzo adicional

En una reciente entrevista concedida a este periódico, el encargado de la Dirección de Gestión de Riesgos dijo que en la Ciudad hay cerca de 90 taludes con alguna categoría de peligro y que solo a 20 se le hace un monitoreo constante, el resto apenas se vigila esporádicamente.

No pueden ser más preocupantes las afirmaciones del doctor Galindo López, con el agravante que en ellas solo se refiere a los sitios donde el terreno ofrece grave inestabilidad y puede, producto de las intensas lluvias o de un problema geológico, causar en cualquier momento una emergencia con saldos lamentables.

En la Ciudad hay muchas otras zonas que ofrecen alto riesgo de causar una emergencia, empezando por las riberas de los ríos y quebradas que la atraviesan. Sus largos recorridos están llenos de invasiones y asentamientos irregulares y cada vez que sube el nivel de las aguas, pone a correr a sus moradores.

El fin de semana pasado, para no ir muy lejos, los vecinos del río Consota en los sectores de Mundo Nuevo, la vereda Gaitán en la vía Frailes-La Florida, El Rocio Bajo y en su paso por el barrio Cuba, amanecieron inundados y tratando de salvar las pocas pertenencias que no dañaron las aguas.

Adicionalmente, la Ciudad está llena de viviendas construidas en zonas de altísima inestabilidad, o con riesgo de desmoronamiento del terreno y de producir una tragedia, como las que están al pie de la quebrada Erazo, o en cercanías del barrio José Hilario Lopez II en Cuba.

Por supuesto, cubrir la totalidad de las zonas de riesgo y todos los puntos críticos, es imposible, más, como lo dijimos arriba, en una ciudad con tantos problemas de inestabilidad del terreno, de un lado y del otro, de construcciones irregulares; sin embargo, mantener monitoriado solo el 20% de los puntos identificados como de riesgo, es muy poco.

La posibilidad que uno cualquiera del resto de los sitios colapse y produzca una emergencia como las que ha vivido la Ciudad, es, en estas condiciones muy alta. Las lluvias se incrementan en cualquier momento, el aumento en los niveles de los ríos no da espera y las laderas fallan cuando menos se piensa, y nadie sabe cual sitio es el que va a fallar. Es indispensable, pues, hacer un esfuerzo adicional para incorporar sino todas las zonas, por lo menos la mayoría de las que están rotuladas como de alto riesgo, que no sea que con el aumento reciente de las lluvias y con otros fenómenos climáticos o geológicos, la Ciudad vuelva a verse sacudida por una tragedia como la ocurrida en La Esneda hace veinte días.

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