Un delito sin castigo

Un nuevo y nada honroso liderazgo tiene hoy Pereira entre las ciudades más importantes del país y es el de los delitos sexuales. Según el Instituto de Medicina Legal, entre el primero de enero y el 30 de junio de este año, las autoridades conocieron de 209 casos de agresiones sexuales, lo que significa más de un hecho de estos cada día y lo que coloca a la ciudad en el quinto lugar en la lista de las capitales con mayor número de registros de esta naturaleza, por encima de todas las de su similar tamaño y población.

Lo más doloroso de esto es que de los 209 casos que llegaron a conocimiento de las autoridades, en 170, es decir más del 80%, la víctima fue un menor de edad, siendo las mujeres las más agredidas al conocerse de 145 casos, mientras que los hombres lo fueron en 25 de estos hechos.

Y lo peor, es que en la inmensa mayoría de los casos el agresor hace parte del círculo familiar mas cercano de la víctima. Según estadísticas oficiales, el primer responsable de este tipo de delitos es el padrastro, seguido de los propios padres, de un tío, de un miembro de su familia y de un pariente que se ha ganado la confianza del agredido.

Ahora, preocupa sobre todo que entre nosotros el comportamiento de este aberrante delito sea al alza cada año. Con excepción del año pasado que mostró, por razones del aislamiento obligatoria durante varios meses, una pequeña disminución en las denuncias, los casos han venido subiendo sostenidamente en cada período.

Todo esto con un agravante adicional y es que los registros de un delito como este son sustancialmente menores a los casos que se presentan. Por razones diversas, que van desde el miedo a las amenazas que usualmente hace el agresor de esta tipo de delitos, hasta la pena de que se conozca esta clase de agresión, las víctimas o sus familiares prefieren guardar silencio y no ir ante las autoridades respectivas a poner la denuncia correspondiente.

Otra de las razones por las que las autoridades no se enteran de estos aberrantes hechos, especialmente cuando la víctima es una niña o un niño de corta edad, es que los padres no les dan crédito a sus hijos cuando estos les comunican que están siendo agredidos sexualmente por un miembro de la familia.

Los delitos sexuales son una de las peores enfermedades que tiene nuestra sociedad y lamentablemente una de las conductas a las que la justicia menos cuidado y empeño le pone para, de un lado investigar y esclarecer los hechos y del otro, sancionar, con el rigor que esta conducta merece, a sus responsables.

Ojalá, la recién aprobada ley que permite la cadena perpetua para los autores de violaciones y delitos sexuales cuando la víctima sea un niño, una niña o un adolescente, sirva para reducir esta clase de comportamientos delictivos y para que estas conductas no se queden en el anonimato y sin castigo.

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