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jueves, junio 13, 2024

Un delito abominable

Risaralda es uno de los cinco departamentos donde en los primeros cuatro meses del presente año se presentaron más de 200 casos de violencia sexual por cada 100.000 habitante, y en los que la víctima es un niño, una niña o un adolescente; y Pereira es la quinta ciudad del país que más sufre de este mal.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, entre el primero de enero y el 30 de abril de este año, se presentaron en Risaralda 216 delitos sexuales, de los cuales en 160, es decir el 80%, la victima fue un menor de edad, y en Pereira 143, un dato dramático si se tiene en cuenta que este registro es superior al de Manizales y Armenia sumados, ciudades que reportaron 57 y 69 casos respectivamente.

Y en medio de estas alarmantes estadísticas hay un dato que hace más dramática esta realidad y es que el 77% de los casos conocidos por las autoridades se presentó en el campo, lo que deja a la vez al descubierto otro grave problema y es que en casi el 80% de los casos, el delito ocurre en la misma vivienda de la víctima.

Lo peor de todo esto es que buena parte de los hechos de violencia sexual que se presentan en el país y en especial en aquellos en que la victima es un menor de edad, no llegan a conocimiento de las autoridades, primero porque los afectados o sus familiares prefieren no denunciar a los victimarios y segundo, porque se piensa que las investigaciones nunca llegan al castigo del autor y en cambio si hay un alto riesgo de que se presenten retaliaciones por parte de éste.

Esto significa que nadie sabe el tamaño real de este drama, pero que puede ser muchísimo mayor al que tienen registrado las autoridades judiciales y de salud, y que han puesto al Departamento y a Pereira en los incómodos cuadros de las regiones y ciudades con más altos registros de delitos de violencia sexual.

La violencia sexual contra menores de edad es uno de los delitos más abominables que se puedan presentar en nuestra sociedad, no solo por la condición de indefensión en que casi siempre se encuentra la víctima, sino porque generalmente el victimario es un familiar o una persona muy cercana a la familia y por tanto que le transmite confianza al afectado.

Ojalá, la próxima entrada en vigencia de la norma penal que impone la cadena perpetua para los responsables de las muertes y violaciones de niñas, niños y adolescentes, permita, de un lado reducir esta horrible conducta y del otro, castigar de una manera ejemplar a quienes cometan este tipo de violencia.

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