Un cambio tardío

En medio del clamor nacional para que cesen las manifestaciones que siempre degeneran en protestas violentas y en actos vandálicos, y levanten los bloqueos que tienen a miles de empresas al borde del cierre y a millones de colombianos a punto de perder el empleo, y también del desgaste y la fatiga de un montón de jóvenes que solo han salido a destruir y a saquear y que hoy están, así lo confirman todos los registros, en el ojo de la pandemia; el llamado Comité Nacional de Paro anunció la suspensión de las marchas y el cambio de estrategia en la presentación de sus exigencias al Gobierno.

Según lo anunciado por los organizadores del paro, no marcharán más y dirigirán sus esfuerzos a convertir sus exigencias en leyes y pedirle al Congreso que estudie y apruebe unas normas que acojan, entre otras muchas, la renta básica para la población más pobre y la educación superior gratuita hasta por cinco años para los estratos más bajos.

Cincuenta días se demoraron los organizadores y promotores del paro para entender que con su equivocada estrategia solo estaban consiguiendo liquidar miles de negocios, elevar los precios de la canasta familiar, arruinar miles de campesinos, dejar cientos de colombianos sin empleo, quebrar los sistemas de transporte público de todas las ciudades del país y permitir que organizaciones criminales se camuflaran dentro de las marchas para lograr sus protervos intereses; y que sus peticiones, muchas de ellas justas, se consiguen recurriendo a la instituciones y no acabando con ellas.

Si el Comité Nacional de Paro en vez de paralizar al país y tolerar que los delincuentes acabaran con él, hubieran acudido desde el primer día al Congreso de la República, pero no a tirarle piedra como lo hicieron durante casi dos meses, sino a plantear sus inquietudes y a pedir que se legislara para atenderlas, con seguridad hoy tendría algunas de sus peticiones convertidas en proyecto de ley e iniciado su trámite legislativo.

Ahora, le va tocar compartir el escaso presupuesto que tiene disponible el Gobierno para inversión social y para atender las inmensas necesidades de la población menos favorecida, con los costos de reconstruir la economía, de recuperación de los empleos destruidos, y de restablecer la confianza perdida a raíz de la incertidumbre y la zozobra que ha vivido el país  durante las últimas siete semanas.

Ojalá, los organizadores del paro no decidan regresar a los nefastos bloqueos de vías, a la incitación a los desmanes, a la provocación a la fuerza pública y a permitir que quienes  nada tienen que ver con los reclamos y peticiones al Gobierno, conviertan las marcha en  la horda salvaje que ha acabado con la ciudad y que a los primeros que tiene sufriendo es a los que más necesitan lo que se ha destruido.

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