El balance inicial deja una sensación muy favorable. La tragedia alteró la agenda, pero no desvió el propósito. Hay dificultades enormes, pero también hay señales de decisión y orden.
El primer mes del presidente Abelardo de la Espriella en el gobierno, no ha sido, ni de lejos, el que seguramente había imaginado. Apenas tres días después de su posesión, el terremoto del pasado 10 de agosto le cambió por completo su agenda y puso a la nueva administración frente a una tragedia de dimensiones enormes.
Más de 300 muertos, cerca de un centenar de desaparecidos, miles de desplazados y cientos de edificaciones destruidas obligaron al mandatario a modificar prioridades y concentrar buena parte de sus esfuerzos en atender la emergencia, poner en marcha la reconstrucción y enviar un mensaje de esperanza.
Lo destacable es que, en medio de semejante circunstancia, el Gobierno no perdió el rumbo. Con un equipo de gobierno bien escogido, comenzó a reconstruir la economía, recuperar la seguridad, devolverle al país la confianza en sus instituciones y rescatar los principios éticos en el ejercicio del poder.
En seguridad y orden público, el Presidente ha comenzado a cumplir lo que prometió durante la campaña. Canceló la llamada Paz Total, acabó con los gestores de paz, reinició las fumigaciones aéreas y emprendió una acción decidida contra las organizaciones criminales que durante los últimos años habían ganado terreno y capacidad de intimidación.
También hay señales positivas en el manejo económico. El proyecto de Presupuesto Nacional presentado al Congreso responde, en buena medida, a la difícil situación fiscal que recibió el nuevo Gobierno. El anuncio de un apretón en los gastos demuestra que se entiende la gravedad de las finanzas públicas.
En política internacional también se advierte un cambio de rumbo. El cierre de embajadas y consulados innecesarios y la revisión de la presencia diplomática corresponden a una política que busca mayor eficiencia y menos gasto, al tiempo que procura recuperar el peso de Colombia en el escenario internacional.
Especial importancia tiene el restablecimiento de las relaciones con las Altas Cortes y la Fiscalía. La decisión presidencial de respetar la separación de poderes es fundamental para recuperar la institucionalidad y superar años de enfrentamientos entre las ramas del poder público.
Igualmente significativa es la reconciliación con los gremios y empresarios, a quienes el Gobierno ofreció diálogo directo y apoyo institucional. Colombia necesita nuevamente confianza entre el sector público y el privado para crecer, generar empleo y recuperar la inversión.
Y aunque el episodio de la elección del presidente del Senado dejó una nota de preocupación, el Gobierno logró reconstruir sus relaciones con la segunda fuerza en el Congreso y consolidar una mayoría parlamentaria que le permitirá tramitar sus iniciativas sin los obstáculos que muchos anticipaban.
Un mes es demasiado poco para juzgar un gobierno, pero sí alcanza para identificar un rumbo. Y el balance inicial deja una sensación muy favorable. La tragedia alteró la agenda, pero no desvió el propósito. Hay dificultades enormes, especialmente la reconstrucción, pero también hay señales de decisión y orden.