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Pereira
martes, febrero 7, 2023

Un absurdo

A pesar de que en su momento no compartimos la decisión del alcalde Gallo de quitarle espacio valioso a algunas vías, como la avenida Circunvalar y la calle 21, para dedicarlo a las llamadas ciclo rutas, la entendimos como un esfuerzo interesante para estimular el uso de las bicicletas y reducir en lo posible la circulación de vehículos por la Ciudad.

En este proyecto, que además abarcó varias zonas y barrios de la Ciudad, la Administración invirtió recursos importantes con la ilusión de que, teniendo carriles seguros y expeditos para su circulación, cada vez más pereiranos recurrieran al uso de la bicicleta para ir al trabajo o simplemente para movilizarse de un lugar a otro; sin embargo, esto no ha sido así.

Quien salga al centro de la Ciudad o pase por una de las zonas donde las administraciones Gallo y anteriores, construyeron ciclo rutas, podrá observar fácilmente que después de años de construidas, las pocas bicicletas que circulan no las utilizan y que estos espacios son utilizados para todo menos para la circulación de aparatos.

En las carreras séptima y octava, por ejemplo, las ciclorrutas se convirtieron en el espacio perfecto para que los vendedores ambulantes instalen sus ventorrillos, para que las cocinas al aire libre atiendan sus clientes, para que las carretas de frutas vayan y vengan libremente, para que los camiones suban y bajen su carga, para que las motos se parqueen, para que los taxis esperen un servicio al frente de los supermercados y, en general, para que los vehículos se estacionen.

En todas las ciudades del país y del mundo los esfuerzos para estimular el uso de la bicicleta, además de las correspondientes inversiones en infraestructura física y en elementos de señalización como cebras y semáforos, son acompañados de campañas de concienciación de los ciudadanos, primero para que se respeten las bandas exclusivas construidas para el efecto, y segundo, para que quienes utilicen la bicicleta usen solo el espacio reservado para ellas; lamentablemente en Pereira lo segundo no ha importado nunca.

Aquí las administraciones municipales han creído que con colocar unos separadores plásticos a lo largo de la séptima y octava, o unos taches en la avenida del Río, o en la Circunvalar, ya las bicicletas van a usar solo este carril y los conductores y vendedores ambulantes van a respetar estos espacios.

En una ciudad, pues, con calles y avenidas tan estrechas, es un absurdo mantener reservados unos espacios para un servicio que no se usa y que lo que está haciendo es estimular el desorden y la invasión del espacio público, por lo menos mientras la Administración Municipal toma conciencia de la necesidad de estructurar una estrategia para que los ciudadanos respeten estas zonas y los ciclistas las usen bien.

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