Un propósito permanente

En los últimos seis años han muerto en promedio cada año, durante los días de navidad y año nuevo, 654 personas en accidentes de tránsito. El registro más alto fue el año pasado cuando 709 colombianos perecieron en las calles y carreteras del país, producto de un accidente vial.

De las cerca de 650 víctimas que se presentan en promedio en esta época, al menos un 30% sucede, según el Observatorio de Seguridad Vial, en los primeros diez días de enero y los días, de acuerdo con la misma investigación, en los que ocurren más accidentes y por tanto más muertos y heridos, son los días domingo.

Por supuesto, las causas de los accidentes viales son muchas, pero fundamentalmente se reducen al exceso de velocidad, a la imprudencia de los conductores y peatones, al consumo de bebidas alcohólicas y sustancias alucinógenas mientras se conduce, a los llamados micro sueños y a la falta de un riguroso control de las autoridades al estado de los vehículos.

La pregunta que hay que hacer es ¿qué están haciendo las autoridades para reducir estas preocupantes cifras? ¿Cuáles son las acciones que se están adelantando para que esta navidad y fin de año no sumen una cifra parecida o superior a la que se viene registrando en los últimos años?

Se dirá que el Gobierno, a través de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, ha invertido inmensos recursos en prevenir la accidentalidad vial y tratar de bajar estos preocupantes datos; pero si nos atenemos a las estadísticas que acaba de entregar esta entidad, lo que se ha hecho no ha dado ningún resultado.

Si las autoridades hicieran un esfuerzo mayor en la concienciación de los ciudadanos, conductores y peatones, sobre los riesgos en las vías y la necesidad de observar las normas de tránsito y la obligación de tener un comportamiento adecuado tanto cuando se maneja como cuando se es un peatón, además, claro está, de un control más efectivo; con seguridad los datos de víctimas en las carreteras fueran muy distintos a los que hoy se tienen.

La educación y la creación de una cultura en torno al respeto de la ley y del peatón, no puede ser una tarea de cada temporada de navidad y fin de año, o de cada Semana Santa o de cada puente, sino que tiene que ser un propósito permanente y consistente de educar ciudadanos para que observen las normas de tránsito y protejan al ciudadano de a pie.