Un problema que sigue ahí

Sería imperdonable que, con una experiencia tan fresca, nada se hiciera con un problema que puede no ser tan grande, pero su amenaza sí por la cantidad de personas que viven a lo largo de la vía.

El deslizamiento que hace unos días nuevamente se presentó en el barrio Matecaña y que no por haber pasado desapercibido y no dejar víctimas humanas deja de ser preocupante; tiene que llamar la atención de las autoridades e invitarlas a ponerle el cuidado que la situación merece y los conocidos antecedentes obligan.

El desprendimiento de una parte de la ladera posterior al Aeropuerto Matecaña, por fortuna solo tapó la vía de acceso a este sector, pero bien pudo, como si ha ocurrido en otras ocasiones, caer sobre las viviendas que hay a lo largo de la recién recuperada calzada, taparlas y causar una tragedia de proporciones incalculables.

Los equipos y el personal de la Secretaría de Infraestructura de Pereira y de las otras dependencias que tienen que ver con el mantenimiento de las obras públicas de la ciudad, despejaron rápidamente la vía y la dieron nuevamente al servicio; pero nada hicieron para atender la causa del problema que es la estabilidad del talud.

A lado y lado de esta vía viven miles de personas que permanecen expuestas a los conocidos problemas de una ladera que ha sido maltratada por la mano inconsciente e irresponsable de muchas personas y entidades que en épocas distintas la han intervenido, y sufrido la inacción e indiferencia de las autoridades; y a los riesgos de cualquier desprendimiento grande de tierra.

Ya en el pasado varias viviendas han quedado sepultadas bajo toneladas de tierra desprendida de esta ladera y no pocas personas han perdido allí sus vidas producto de la inestabilidad de la montaña, de los rigores del mal tiempo y de la poca atención que le han puesto las autoridades a un problema que no es de ahora, sino de hace muchos años.
A pesar de los riesgos que allí ha habido, de las advertencias de muchas personas y también de los sucesivos hechos trágicos que se han presentado, las autoridades han tolerado que más y más familias se sigan instalando en una zona que, primero está considerada de alto riesgo y segundo, es una invasión.

Por eso, está bien que las autoridades hayan removido rápidamente la tierra y habilitado de nuevo el paso por una vía que es fundamental porque le da acceso y salida a una serie de barrios populares y a un número muy importante de personas; pero preocupa que abierta la calzada nadie más haya vuelto a aparecer por el lugar y menos a estudiar y solucionar el problema del talud. Ya el año pasado una zona aledaña puso a correr a las autoridades y a la ciudad. Sería imperdonable que, con una experiencia tan fresca y dolorosa, las autoridades nada hicieran con un problema que aparentemente puede no ser tan grande, pero su amenaza es mayor por la cantidad de personas y familias que viven a lo largo de toda la vía.