Un pésimo mensaje

La del fin de semana pasado, cuando la Primera Dama utilizó uno de los dos aviones presidenciales para transportar de Bogotá a Armenia un grupo grande de niños invitados a la celebración del cumpleaños de una de las hijas del Presidente, no es la primera vez que el Jefe del Estado o su familia utilizan, para actividades personales, el avión presidencial o alguno de los bienes asignados a él y a los altos funcionarios del gobierno, para el cumplimiento de los asuntos oficiales.

El país recuerda cómo en el gobierno del presidente César Gaviria, la Primera Dama de entonces, Ana Milena Muñoz de Gaviria, envió el avión residencial hasta Valledupar para que recogiera a los Hermanos Zuleta y a los integrantes de su grupo para que vinieran a tocar en la fiesta de su cumpleaños.
También fue célebre y, por supuesto, generó todas las críticas al gobierno del presidente López Michelsen, la vez que un grupo numeroso de familiares y amigos personales del Jefe del Estado aprovecharon que el avión presidencial iba a ser enviado a Holanda para ser sometido a mantenimiento, para darse unos días de vacaciones por Europa.

Se dirá que no hay una norma expresa que prohíba o limite la utilización del avión por parte de la familia del Presidente de la República y que lo único que hay es un protocolo de la Fuerza Aérea, responsable de la movilización presidencial, de las condiciones en que el mandatario y su grupo familiar puede transportarse en las aeronaves oficiales; y que por tanto ni él ni la señora María Juliana Ruiz han transgredido la ley nacional.

Sin embargo, no parece ético, ni transparente y mucho menos un buen ejemplo para los miles de funcionarios confianzudos que hay en todos los niveles del gobierno, que la esposa del presidente de la República llene uno de los aviones asignados a ellos, de compañeros de sus hijos y sus mamás, y se los lleve para el Quindío a celebrarle el cumpleaños a uno de sus hijos.

El Presidente ha pedido desde el inicio de su gobierno a todos lo funcionarios, austeridad en el gasto, responsabilidad en el ejercicio de sus funciones y transparencia en sus actuaciones oficiales, y no queda bien, por decir lo menos, que su familia mal utilice uno de los elementos más sensibles, más costosos y que más agreden la austeridad oficial, como es el avión presidencial, máxime si, como en esta oportunidad, se dice que además la Primera Dama lo utilizó también para venir desde Cartagena hasta Bogotá para cambiarse de vestido y regresar a Cartagena a una fiesta a la que estaba invitada.

Un pésimo mensaje, pues, le ha enviado el presidente Duque y su familia a los miles de empleados del Gobierno, y en general a los colombianos sobre la utilización transparente y austera de los bienes de Estado. Con este ejemplo difícilmente se le podrá pedir sacrificios y generosidad en el pago de impuestos a los ciudadanos del común. Nadie lo va a hacer con gusto para que se los gasten en paseos y celebraciones con amiguitos y allegados a los integrantes de la familia presidencial.