Un golpe a la confianza

Para qué el Presidente ilusiona al país y a los empresarios anunciando medidas que en general no son aplicables y que los alivios expedidos no dependen del Gobierno.

Si algo se impone en un momento como este de incertidumbre, de duda y de preocupación por los efectos demoledores que el coronavirus está dejando no solo en la salud de miles de colombianos, sino en la economía de todas las empresas, es transparencia y claridad en la información que entregan el Presidente de la República y los altos funcionarios del Gobierno.

Nada puede crear más desconcierto y más temor frente a lo que está pasando, que una serie de informaciones y cifras ambiguas e inexactas que cuando se confrontan con la realidad dicen otra cosa completamente distinta y desenmascaran la real situación que vive el país y a la que inevitablemente tienen que enfrentarse los colombianos, los empresarios y en general todo el sector productivo del país.

Qué sentido tiene disminuir o “paisajiar” los datos, por ejemplo, de los contagiados del virus o de las muestras que se están tomando, si cada región y todo el país saben cómo va subiendo el número de alcanzados por la enfermedad. Nadie va a creer que los registros en vez de aumentar, como es lo lógico o de permanecer iguales, rebajen de un día para otro.

El lunes de esta semana el departamento amaneció, según el boletín oficial, con 37 personas contagiadas por el coronavirus y de un momento a otro, los informes entregados por la misma fuente y en el mismo formato habitual, dan cuenta de un número menor de afectados en Risaralda.

Ahora, para qué el Presidente y los ministros ilusionan al país y a los empresarios anunciándoles medidas para hacer más llevadera la situación económica de las empresas y mantener el empleo al mayor número de trabajadores posibles; si ellos bien saben que no son aplicables y que los alivios ofrecidos no dependen del Gobierno, sino de los bancos y del sector financiero.

Para qué se anuncian líneas de crédito especiales y tasas preferenciales si en último término quien dice a quién se le presta y a quién no, qué monto y con qué tasas, son los bancos; y ya el país sabe en la práctica quiénes tienen acceso al crédito y quiénes no, más en un momento económico tan difícil para todas las empresas, como el actual.

Qué sentido tiene ilusionar a los empresarios, sobre todo a los medianos y pequeños, diciéndoles que tendrán plazos muertos para sus créditos actuales y sin intereses, que no los podrán lanzar de sus locales por no pagar el arriendo y que los servicios públicos serán subsidiados, todo para que puedan mantener los empleos y pagarles a sus trabajadores; si cuando ellos van a las respectivas fuentes y a sus bancos, las respuestas son bien distintas.

Nadie sabe el mal que se le está haciendo a la necesaria confianza que los colombianos deben tener en el gobierno y en sus gobernantes, para tratar de superar el difícil momento y los devastadores efectos que ya está empezando a dejar la crisis de salud, laboral, empresarial y económica, producto de la pandemia que azota al país y al mundo; con tantas informaciones y anuncios que no se ajustan a la verdad.