Un efecto preocupante

La Corte Constitucional acaba de precisar, mediante un fallo cuyo texto completo aún no se conoce, que el sistema de foto multas mantiene su vigencia, pero que para poderse aplicar es necesario que la cámara que produjo la imagen de la supuesta infracción tenga reconocimiento facial para poder determinar claramente si el vehículo estaba siendo conducido por el propietario o por otra persona.

Dicho de otra manera, el dueño de un vehículo ya no será, simplemente por ser su propietario,

responsable, como era antes, de toda violación a una norma de tránsito que haya sido captada por una cámara de detección electrónica, salvo que él si sea quien iba conduciendo y que esto sea fácilmente identificable en el foto comparendo.

Es apenas justo que quien no cometió una infracción de tránsito no se le sancione, ni se le cobre una multa, además bien onerosa, por una falta que no ha cometido. En ese sentido, tiene toda la razón de ser la decisión del Alto Tribunal. Sin embargo, preocupa el efecto de esta decisión, por lo que ella puede representar para la seguridad vial en el país.

En Colombia la mayoría de los accidentes de tránsito se dan por exceso de velocidad. Si a eso le sumamos que, según la Organización Mundial de la Salud, por cada kilómetro por hora que aumente la velocidad media del tránsito de vehículo en el país, la incidencia de los siniestros viales se incrementará en un 3 % y entre en un 4 y un 5 % la probabilidad de riesgo de fallecidos, la perspectiva de accidentalidad con resultados fatales, no es nada halagadora.

Según el Observatorio Nacional de Seguridad Vial, durante el 2018 ocurrieron en todo el país 181.374 accidentes de tránsito que dejaron 46.367 víctimas fatales, si esto se incrementara en un 4 % en razón del aumento de la velocidad media por la desaparición de las foto multas, estamos hablando de más de 1800 vidas perdidas adicionales a las que ya ocurren por la irresponsabilidad o la imprudencia de los conductores.

Cuántas vidas, pues, puede significar este fallo si se sabe que lo único que le impone un poco de mesura a los conductores y les controla la velocidad en las carreteras del país, es el riesgo de ser sorprendidos por una cámara de detección electrónica y consecuentemente multados por exceso de velocidad.

Y ni se diga el efecto que esta falta de control ocasionaría en la movilidad de nuestras ciudades. En un país en el que no se respetan las normas de tránsito, en el que todo el mundo hace lo que quiere, en el que los guardas y la Policía de Tránsito son tan escasos y, lo peor, en el que los conductores le han perdido el respeto a las autoridades, acabar con lo único efectivo que había y a lo único que le tenían miedo los infractores, es más o menos como darle patente de corso a quienes no conocen la cultura vial, ni saben que hay normas que se deben respetar.