Un doloroso registro

Lo más grave, es que muy poco se está haciendo para evitar que más risaraldenses agobiados por una difícil situación personal, tomen la fatal decisión de acabar con su vida.

Risaralda fue en el 2019, después de Vaupés, el departamento con más alta tasa de suicidios del país. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, en esta región se presentaron durante el año pasado 88 autoeliminaciones, lo que significa 9,89 casos de esta naturaleza por cada 100.000 habitantes.

Pero además inquieta que, aunque el número de suicidios no es representativo, hay en Risaralda municipios como Pueblo Rico y Apía que, por su baja población, muestran una tasa excesivamente alta de este fenómeno. En la primera población, por ejemplo, hubo solo cinco casos, sin embargo, esto representa el 37,46 por cada 100.000 habitantes, y cosa parecida sucedió en Apía, donde el índice fue de 26.11 por cada 100.000 habitantes, a pesar de que los auto eliminados fueron solo tres.

El suicidio es uno de los hechos más dolorosos que pueden ocurrir en una comunidad. Que una persona tome la decisión de acabar con su propia vida, es algo que va contra la razón misma de la existencia y una expresión de la difícil situación mental, personal, afectiva, económica, laboral, o de salud por la que está pasando el afectado.

Para que una persona llegue al estado anímico y mental que la lleve a pensar que la única solución que hay para sus problemas, es cortar de un tajo con su vida, tiene que estar siendo sometida a una situación de presión insostenible y ante una perspectiva prácticamente nula de poder salir de ella.

Lo más grave de todo esto, es que muy poco se está haciendo entre nosotros para evitar que más risaraldenses agobiados por alguna difícil situación personal y en medio de un oscuro panorama, tomen la fatal decisión de acabar con sus días.

Los registros oficiales muestran que un alto porcentaje de las personas que finalmente terminan acabando con su vida, ya había hecho al menos un intento de suicidarse, lo que significa que, de haber recibido la debida atención y un buen y oportuno acompañamiento, muy seguramente se hubiera podido evitar el fatal desenlace.

Lamentablemente, nada de esto ocurre en el Departamento. El suicida pasa su angustia completamente solo, solo enfrenta las secuelas de un intento de autoeliminación frustrado, cuando lo hay, y solo también se debate entre los últimos impulsos que lo llevan finalmente a optar por la determinación de quitarse la vida.

Es urgente, pues, que las autoridades respectivas evalúen los altos índices de suicidio que hay en el Departamento, y especialmente en algunos de sus municipios, se ajusten las acciones que se están llevando a cabo para evitar que estos hechos se sigan presentando y Risaralda siga apareciendo a la cabeza de las estadísticas nacionales en esos dolorosos registros.

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