Un acto criminal

Esta semana el periódico denunció en una de sus páginas que detrás de la llamada guerra de las ambulancias y de los últimos accidentes de tránsito ocurridos en la ciudad, y en los cuales estuvo involucrada una motocicleta y hubo heridos, podría haber una mano criminal que ayudó a ocurrir el siniestro con el propósito de favorecer a determinada empresa dedicada a atender esta clase de emergencias.

Decía la información que los últimos accidentes de motos tenían todos un denominador común: fueron provocados por una sustancia que estaba regada en la vía, ocurrieron en ciertos lugares y siempre en una curva, y lo que más llama la atención, las ambulancias llegaron al lugar de los accidentes mucho antes de ser reportados a las autoridades.

Estas curiosidades, según el informe periodístico, se suman a una serie de consejas y comentarios callejeros, según los cuales existe en la ciudad una red de personas que actúan clandestinamente y que son las que informan a las empresas de ambulancias sobre los accidentes viales, a cambio de recibir una comisión por el reporte y que serían los responsables de la presencia de sustancias viscosas en las calles.
A dónde ha llegado esta guerra del centavo en la salud que existan personas mandadas o por iniciativa propia, capaces de regar aceite sobre la vía con el propósito que toda moto que pase por el lugar pierda el equilibrio y sus ocupantes caigan al suelo y tengan algún tipo de lesión, y que la ambulancia, que está esperando a la vuelta de la esquina, llegue en segundos, recoja los heridos y cobre el seguro correspondiente.

Cómo puede alguien poner en riesgo, de esa manera, la vida de una o varias personas, por ganarse simplemente 50.000 pesos o menos que parece ser la comisión que le paga la empresa de servicio de ambulancia, por cada accidente que le reporten y pueda recoger al menos un lesionado.
Esto es un acto delictivo que las autoridades tienen la obligación de investigar y de sancionar con la mayor severidad no solo a las personas que están supuestamente regando en la vía aceite o cualquier otra sustancia resbalosa, sino a las empresas de ambulancias que pagan por los reportes de accidentes de tránsito en los que haya lesionados.

Ya es suficiente con el caos vial que generan y el bochornoso espectáculo que todos los días protagonizan todas las ambulancias de la Ciudad tratando, cada una, de apropiarse del herido en un accidente de tránsito para subirlo al vehículo y llevarlo a la clínica o al centro médico que, además, también esté dispuesto a pagar por cada lesionado que lleven. Ojalá, pues, se le ponga fin a esta práctica criminal.