Queda mucho por hacer

Mucho se ha avanzado en la defensa de la mujer y en la preservación de su integridad física y sexual, especialmente de las niñas y adolescentes; pero es evidente que queda mucho por hacer.

Según un reciente informe de la Unicef, agencia de la Organización de las Naciones Unidas para la infancia y adolescencia, conocido con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, en promedio una de cada 20 jóvenes entre los 15 y los 19 años, ha sido violada.

Este dramático dato no está lejano de otros igualmente alarmantes y que ponen en evidencia la condición de vulnerabilidad de la mujer en la sociedad y la situación de desigualdad frente al hombre. El primero es el resultante de la evaluación del estudio realizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y que concluye que una de cada tres mujeres ha sufrido a lo largo de su vida, violencia física o sexual.

El segundo dato es el entregado por la Organización Mundial de la Salud luego de un juicioso estudio sobre las dificultades que afronta la mujer en su vida cotidiana, y según el cual al menos el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido en algún momento violencia física o sexual a manos de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona.

Otro, aun más doloroso por lo que significa para la necesaria sanción que debe recibir todo el que comete un delito o un abuso contra un ser humano, no importa la condición, ni la edad, ni el sexo, es que menos del 40% de las mujeres victimas de una agresión física o de violencia sexual a manos de su pareja o de un familiar, recurrió a las autoridades a presentar la correspondiente denuncia.

Aunque estos datos todos corresponden a promedios mundiales, la verdad es que el comportamiento del país y de la región frente a la situación de desigualdad y vulnerabilidad de la mujer en la sociedad, no dista mucho de lo que ocurre en otras partes, inclusive en muchos casos y en no pocas situaciones las condiciones son aún peores.

En Colombia, por ejemplo, la amenaza de los grupos armados contra la mujer en algunas regiones afectadas por la violencia, la trata de personas en los grandes centros urbanos, el enrolamiento forzoso de niñas y adolescentes por parte de las organizaciones al margen de la ley y el sometimiento sexual en ciertos sectores de la población, son condición que sin duda no existen en otras partes y que agravan la situación de abuso y sometimiento de las mujeres, especialmente menores, en nuestro país.

Por supuesto, mucho se ha avanzado en la defensa de los derechos de la mujer y en la preservación de su integridad física y sexual, especialmente de las niñas y adolescentes; pero es evidente que queda mucho por hacer, empezando por generar una cultura en el hombre de respeto hacia la mujer y en esta de no soportar en silencio los maltratos y agresiones de los demás, sino de poner en conocimiento de las autoridades al más mínimo asomo de violencia contra ella.

De esto, en buena parte depende que estas aterradoras cifras se reviertan un poco y que la mujer no siga siendo ese objeto absurdo e injusto de la incultura y la barbarie del hombre.