Ojalá, no sean peores

Pereira se demoró más de cinco años para bajar la tasa de desempleo de los niveles que hoy ha alcanzado a los que tenía al cierre del año pasado; ahora, este esfuerzo se ha perdido en dos meses.

Como era más que previsible, el desempleo en la ciudad sigue su carrera ascendente. Para el trimestre móvil Febrero-Abril, según el más reciente informe del DANE sobre la ocupación en el país, la tasa de desocupación en Pereira fue del 16.1%, muy cerca del doble de la registrada en el mismo período del año anterior, cuando fue del 9.1%.

Ahora, si el actual resultado se compara con la última medición de este año, es decir con el dato del trimestre móvil Enero-Marzo, el crecimiento es del 3.8% al pasar del 12.3% al 16.1%, un aumento que no por anunciado y de alguna manera esperado, deja de ser preocupante para todos.

Todo esto mirado en números significa que hoy en la ciudad y su área metropolitana hay 46.835 personas desempleadas, un poco más de 16.400 de las que había en abril del año pasado y 8.700 más de las que reportó el informe del DANE en el último día del mes de marzo último.

Pereira se demoró más de cinco años para bajar la tasa de desempleo de los niveles que hoy ha alcanzado a los que tenía al cierre del año pasado o al del primer mes de este año, y que le valieron estar dentro de las cinco o seis capitales con más baja tasa de desocupación; ahora, este esfuerzo se ha venido abajo en solo un par de meses.

Esto con un agravante y es que el último informe oficial midió solo el primer mes del aislamiento y de parálisis económica de la ciudad, y nadie sabe los niveles de desocupación que hay hoy cuando han pasado ya 70 días de todas las empresas paradas, ni los que vaya a ver al término de este mes de junio cuando hayan pasado 30 días más de inactividad, de negocios cerrados y de nuevos despidos y empleados liquidados.

Nadie puede desconocer que cada día se mueren nuevas empresas que a pesar de los esfuerzos no aguantaron el costo de no poder operar y tuvieron que cerrar sus puertas definitivamente, y obviamente dejar a muchas personas sin trabajo; y también que otras han tenido que liquidar a muchos de sus empleados para poder subsistir mientras el Gobierno Nacional autoriza el reinicio de todas las actividades.

Lo más preocupante de esto, es que nadie sabe qué tan lastimada va a quedar la economía regional después de cien días, y en algunos casos más, de empresas paradas, de establecimientos cerrados y de inactividad casi total de la ciudad y, por tanto, cuántas empresas y cuántos empleos se van a seguir perdiendo con los días y con los meses, cuando los gastos y las deudas adquiridas para mantener vivos los negocios, empiecen a hacer sus demoledores efectos.

Las cifras, pues son tozudas. El Gobierno se negó, desde un principio, a aceptar que era necesario hacer un equilibrio entre la protección de la salud de los colombianos y la de las empresas, para poder salvar el empleo; y ahí van apareciendo las dolorosas consecuencias que ojalá no sean peores e irrecuperables.