No vamos bien

Las razones para esta preocupante situación no las sabemos; pero es evidente que las autoridades han carecido de una estrategia bien estructurada para contener la amenaza del virus.

Risaralda no va bien en las labores de prevención del contagio del Covid-19. Esta es la conclusión que resulta de un muy reciente informe del Instituto Nacional de Salud y según el cual el departamento tiene la más alta tasa de infectados por el coronavirus en el país, por cada 100.000 habitantes.

Y eso que este ranking fue divulgado por el Ministerio de Salud antes de que se conociera la confirmación de los dos nuevos casos de contagio del virus y que agravan aún más la situación del departamento, pero especialmente de Pereira y de Dosquebradas, ciudades de donde son los nuevos afectados.

Risaralda tiene hasta el momento de escribir estas líneas, 19 casos confirmados de contagio del virus en una población de 978.000 habitantes lo que da una tasa superior al 1.7 por cada 100.000 habitantes, seguido de Bogotá y Valle del Cauca que tienen 120 y 66 casos respectivamente, en poblaciones de 8.380.000 y 4.852.000 habitantes, lo que significan una tasa de 1.4 cada uno por cada 100.000 habitantes.

Las razones para esta preocupante situación, por supuesto no las sabemos, pero es evidente que las autoridades locales y regionales han carecido de una estrategia bien estructurada para contener el crecimiento del virus. No ha habido una campaña coordinada que le llegue adecuada y efectivamente al mayor número de personas y que cree conciencia en ellos sobre los efectos devastadores del contagio.

Han dejado todo en manos de unas redes sociales que hoy más nunca han mostrado sus gigantescos problemas y su inmensa capacidad para divulgar la mentira, para hacer daño y para confundir al ciudadano desprevenido.

Tampoco ha existido una tarea consistente de la Policía para hacer cumplir las medidas adoptadas por los alcaldes, el Gobernador y el Presidente de la República. Apenas este martes y miércoles, las autoridades hicieron cumplir el aislamiento obligatorio, de ahí para atrás las normas expedidas fueron rey de burlas de un gran sector de la población.

Está bien la campaña para adecuar a Expofuturo como un centro piloto para la atención de pacientes con algunos signos de la enfermedad, o para entregar decenas de toneladas de bienestarina y otros alimentos, o para recoger algunos recursos para llevarle alimento a los habitantes de calle, o para entregar mercados a las familias más vulnerables del departamento; pero tal vez más importante que todo es insistir en mantener la gente en sus casas y hacerles entender de los riesgos de la calle.

Si no se trabaja sobre esto con una campaña consistente y bien orientada, y no se le hace control estricto a tanta gente que va y viene por todas partes sin ninguna urgencia, los contagiados van a seguir creciendo desproporcionadamente, y las posibilidades de recuperación de la normalidad van a estar cada vez más lejos.

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